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Por Graciela Guerrero Garay

Escribir de un diario donde uno ha visto madurar cada sueño puede parecer, a ojos ajenos, un arranque del ego, en el cual se maximicen virtudes y achiquen defectos. Sin embargo, nadie con mediano tino puede negar que estos 35 años que cumple el Semanario 26 de Las Tunas, están sumergidos en una saludable espiral ascendente.

Nada que ver con aplausos de satisfacción total ni creencias de que hacemos el periodismo que podemos, queremos y desean ver, en tinta y papel, los miles de lectores del “pregón” más informado de la provincia. Pero, al pasar el necesario balance, hay más luces que oscuros en estos partos editoriales, primero como diario y después, a raíz del período especial, como el Semanario de hoy, de ocho páginas y con una tirada de 35 mil ejemplares.

Muchos golpes de máquinas de escribir – las legendarias ROBOTRON – llenaron de ruidos de tin-tac, tiqui-tiqui… el amplio salón de redacción, donde las cuartillas iban, ante el más mínimo error, a los cestos de basura en aquellos años iniciales, en los cuales la mayoría de sus reporteros- fundadores estrenaban el oficio y estudiaban la licenciatura en la Universidad de Oriente.

Luego, con los primeros graduados de los cursos regulares diurnos el colectivo creció y  fueron más quienes “sufrieron” el fuego de plomo devenido letras en los linotipos. Jornadas hermosas entre el calor de la gráfica y aquella rotativa inmensa que sacaba, uno a uno, el fruto de horas y horas de un bautizo de “corre- corre” entre chorros de tinta, galeras, matrices, picas, fotolitos, titulares y correcciones hasta que, casi siempre bien subida la noche, bajaba la tensión: 26 estaba OK.

Un diarismo cautivante, en la medida de agotador y febril. Mucho llovió desde allá y hoy, 35 años después, hablamos de clientes ligeros, URL, gigabays, hiperterminal, computadoras, edición digital, sitios web, dominios, formatos jpg… y aquellos papeles en blanco, pautados, no se tiran al cesto, basta una tecla, Delete, para volver a empezar sin llenar de ruido al colega de al lado.  Los cestos de basura se llaman “papelera de reciclaje” y ahí van los dolores de cabeza o las malformaciones congénitas de ese hijo que no acaba de convencer al momento de “parirlo”.

Así, a grosso modo, como un arco iris mágico, 26 en sus 35 años es el reflejo del desarrollo del país, la tecnología y la historia misma del periodismo en Las Tunas. Es la alegría y la nostalgia de un colectivo que tiene, quizás como pocos en Cuba, el privilegio de mantener casi intacta la primera nómina de los trabajadores que le dieron vida, enriquecida con los nuevos pinos egresados de la carrera de Periodismo en estas más de tres décadas.

Por eso, cuando este amanecer de la Santa Ana circule por toda la provincia su Edición Especial de cumpleaños y homenaje a la gesta del Moncada, otra estrellita buena y empeñada en alumbrar mejor salta entre líneas. Muchos desvelos trae de vueltas. Viejas y nuevas manos llenan su corazón.

Y lo mejor de todo es que su pueblo, el tunero, quien de verdad nos hace la noticia, se levanta, construye, mejora, motiva y nosotros, agenda o grabadora en mano,  nunca dejaremos de escribirle su historia. Son huellas demasiado fuertes para una página en blanco. No es un nombre, 26 siempre…infinitamente honrará al 26.