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Por Graciela Guerrero Garay

Por las calles de Cuba no todos peinan canas o estrenan bastones y, sin embargo, más del 17 por ciento de sus nacionales sobrepasa los 60 años, por lo que está considerada como una de las naciones envejecidas del planeta, al descender la natalidad y la mortalidad y prevalecer un notable crecimiento de la expectativa de vida.

Es una realidad que golpea en las estadísticas demográficas y sociales pero, en el tú a tú diario, no presupone un caos. En Cuba se llega a viejo sano, protegido institucionalmente y querido por su familia. El envejecimiento saludable en la Isla no es tema presente y la prueba está en el incremento de la esperanza de vida al nacer: el promedio en el país alcanza los 77,97 años.

Tal número es la consecuencia – favorable y cohesionada- de un embarazo, parto, nacimiento, infancia y adolescencia con calidad de vida. Nada de banalidades, sino atención primaria, altamente calificada, desde la comunidad hasta nivel institucional.  Un desarrollo armónico, con lo indispensable, en un ambiente sano y generador de equilibrio en ese binomio vital para la salud humana: mente- cuerpo.

El activismo es también uno de los gerentes que patrocina poder alcanzar y asumir un envejecimiento acelerado sin llegar a otras complejidades, presentes en muchas naciones con iguales condiciones socio-económicas o superiores a las de Cuba. Existe la práctica masiva del deporte, las personas caminan mucho diariamente, hay acceso libre a las instalaciones deportivas y cubanas y cubanos crecen al aire libre, tienen una vida módica y comen, sin suculencias, alimentos regularmente sanos y cocinados por sus propias manos.

De aquí, quizás, salga la respuesta del por qué muchos adultos mayores renuncian a la jubilación o se reincorporan a sus labores u otras factibles, después de acumular sus años de trabajo. No todo es por salarios o sobrevivir, como algunas campañas malintencionadas indican.  Sencillamente, se sienten fuertes y necesitan saberse útiles. Tienen vitalidad general, aunque ya ronden los sesenta y cinco años.

Igual pueden “los viejos” acogerse al sistema de Hogares de Ancianos o Casa de los Abuelos, en caso de no ser cuidados por la familia, la cual, en estas últimas décadas del nuevo milenio, también recurre a la contratación de cuidadoras domésticas. La perogrullada es que en la Isla llegar a la tercera edad no es un conflicto, ni doméstico ni social.

Sin embargo, las preocupaciones por detener la curva de bajos nacimientos ante esta realidad no cesan en los especialistas cubanos y se trabaja, paralelamente, en motivar embarazos responsables y deseados, así como en incrementar el número de hijos –tasa global de fecundidad- , el cual disminuyó de 3,70 a 1,77 desde 1970 hasta el 2011.

Esta problemática se recoge y genera múltiples acciones a partir del Lineamiento 144 de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aunque la falta de recursos no permita, siempre ni en todos los lugares, dar un servicio de excelencia al adulto mayor. Mas, con todo lo que todavía se puede lograr en materia de especialización y cuidados, la Geriatría en Cuba más que medicamentar, mira el lado humano de la vida y reestructura conceptos encaminados a salvaguardar la fragilidad, discapacidad y dependencia que tiene la ancianidad.

En estos hilos de amor, ocupación y solidario apoyo doméstico e institucional se mueven los ancianos cubanos, entre ellos cientos de centenarios y quienes todavía, sanos y activos, reciben el sol de este verano camino a sus centros de trabajo, los comercios, áreas recreativas, playas y campismos para disfrutar en y con la familia de las masivas vacaciones, recurrentes aquí en los meses de julio y agosto.