20130703190556-dianinos12.jpg

 

Por Graciela Guerrero Garay

Sombreros de yarey adornan por estos días la cabeza de cientos de tuneros y visitantes que asisten a la XLVI Jornada Cucalambeana, como símbolo de excelsa cubanía y el objeto más tradicional que simboliza la identidad del campesino en Cuba, donde está a punto de cerrar el evento cultural más importante que honra en Iberoamérica al poeta bucólico Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé.

El Cornito, sitio campestre en el cual sobreviven las ruinas de la que fuera su casa natal, se llenó desde el pasado jueves de canturrias, remembranzas y encuentros demostrativos de la vitalidad del género poético y su fuerza en el continente, favorecido con la calidad de la décima cantada y escrita, su cabalgadura con hidalguía y la devoción que inspira a los más pequeños.

En medio de tanto y todo, el tradicional sombrero de yarey también tiene su fiesta y deviene orgulloso emblema en el banquete campesino, al tiempo que cae como anillo al dedo para proteger a participantes e invitados del intenso sol que brilla sobre estas tierras.

Así, adornado con bandas de color azul y rojo, en dependencia de los bandos que representen sus propietarios, la típica pieza trae en su historia la imagen legendaria de los mambises y del cubano común,- nacido monte adentro, labrador o guajiro -, y señorea por la capital Iberoamericana de la Décima volviéndose, a los ojos curiosos, en un distingo más de este popular y esperado revuelo cultural.

Hoy lunes, cuando en el Teatro Tunas, se ponga punto y final a la Jornada Cucalambeana quedará en la memoria el sombrero de yarey y no se tirará a un lado porque, como excelente protector solar que es,  su uso es más presencial en la cotidianidad de la Isla y, más aquí, donde el bautizo de fuego viene desde la loma y apodó para siempre a la región  como una tierra caliente.