20130630222620-papa-vianda-casa-foto-jose-cabrera-peinado.jpg

 

Por Graciela Guerrero Garay

¡Trajeron papa! Así de sencillo corre la noticia por el barrio, cuando el camión cargado del buscado y sabroso tubérculo llega a la placita y los agromercados en cualquier lugar de la Isla, donde se logran rendimientos ligeramente más altos que los promedios mundiales de veinte toneladas por hectáreas.

La predilección por este nutritivo alimento gana cada vez más espacio en los predios nacionales e internacionales, motivado por sus variados usos culinarios e industriales y los aportes que hacen al organismo humano en carbohidratos compuestos, fibra, proteínas, hierro, cobre, magnesio, potasio, niacina y vitaminas del complejo B, A y C.

Para cubanas y cubanos la temporada de la papa es un bálsamo en los menesteres diarios de la alimentación, porque generalmente gusta mucho a los pequeños y la multi- facilidad de usos de la vianda diversifica la realización de platos, hecho común con el resto del mundo, donde datos de la FAO calculan que algo más de las dos terceras partes de la producción se destina como alimento para la población, agregándole al consumo fresco la procesada industrialmente.  

Hace más de ocho mil años que se cultiva este tubérculo, cuyo nombre científico es Solanum tuberosum y proviene de la región andina del Perú y de la isla Chiloé, al sur de Chile,  aunque su extensión por el hemisferio norte se vincula al siglo XVI después que los colonizadores españoles la llevan a Europa.

Más de 100 países la cosechan – destacan fuentes de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO)- y es el cuarto  alimento de mayor consumo en el mundo, antecedido por el maíz, el trigo y el arroz que se reducen en tanto la papa asciende, con una producción anual de alrededor de 320 millones de toneladas.

En la Isla la presente campaña destinó unas cinco mil 500 hectáreas para la cosecha, con una estrategia que permite destinarla fresca a los mercados y conservarla en frigoríficos, a fin de poder distribuirla escalonadamente a lo largo del año y tener a mano una vianda muy bien esperada por los cubanos, quienes la comen de diferentes maneras pero jamás renuncian a servir a la mesa un crujiente plato de papas fritas, ni subestiman sus poderes curativos.