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  • Cuba no escapa de esta realidad mundial y prioriza la política aprobada por el Consejo de Estado para el uso del agua, encaminada a la racionalidad y la explotación eficiente de la infraestructura construida, entre otros objetivos.

 

  • Esta oriental provincia de Las Tunas tiene hoy un panorama desfavorable por la intensa sequía que la azota y la ubica en la de menos índice promedio de precipitaciones del país.

Por Graciela Guerrero Garay

El hecho que solo el 2,5 por ciento de toda el agua del planeta sea dulce o apta para el consumo no es, exactamente, la causa de que hoy dos mil millones de personas estén sometidas a presión hídrica y se considere a este recurso natural un móvil capaz de generar conflictos armados, con una fuerte incidencia en el futuro de la diversidad biológica en varias zonas de la tierra.

Múltiples son las razones que influyen en el deterioro de este líquido en el mundo, del cual existe la misma cantidad que hace dos mil años atrás mientras se ha sextuplicado su consumo, debido al desarrollo industrial y una mayor utilización en la agricultura, todo potenciado con la sobreexplotación, la contaminación y los efectos del cambio climático.

De los más de siete mil millones de habitantes del planeta, más del 20 por ciento vive en países que carecen de agua y según la UNESCO,  a mediados de este siglo, la demanda actual se duplicará y las reservas hídricas llegarán a su tope, sin contar los estimados de que para el 2025 el 66 por ciento de la población mundial asentada en África y Asia Occidental estará afectada.

Bajo el peso abrumador de esta realidad, Cuba aplica estrategias encaminadas a un mejor aprovechamiento de los recursos hídricos, con un trabajo que pone puntos al uso racional y productivo de las disponibilidades, el empleo eficiente de la infraestructura hidráulica y la rehabilitación y desarrollo de redes técnicas, como parte de la Política Nacional del Agua aprobada por el Consejo de Estado en diciembre del 2012.

Para el presente año el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) desarrollará más de 30 proyectos, los cuales incluyen las redes de abasto en capitales provinciales y comunidades, a la vez que se aplicarán nuevas tarifas de pago en el sector estatal para reducir de manera gradual el subsidio por el gasto, y se tratará de poner metros contadores en las viviendas del sector residencial, que permita cobrar por consumo y promueva una cultura de ahorro responsable.

En esta provincia de Las Tunas el problema va más allá de la eficacia y la respuesta inteligente a las urgencias del agua, por la severa sequía que la azota y la marca como la de menor índice promedio de precipitaciones del país – mil 38 milímetros al año-, en tanto estudios especializados advierten sobre el incremento de las etapas secas, con períodos de 3 a 6 años cada una década.

Para los entendidos en el asunto, este comportamiento es una evidencia de los cambios climáticos en la región, donde la temperatura mínima media aumentó en los últimos 40 años y se comprobó que el retroceso en la línea de costa y la elevación del mar afectarían, en el 2050, a más de 4 mil personas y unas 3 mil viviendas en los trescientos kilómetros de litoral del territorio.

La severa sequía pone tensa a 270 comunidades tuneras y, aunque se buscan alternativas para llevar el agua a la población y se albergan esperanzas con la llegada de esta primavera, la complejidad de la situación hídrica aquí confirma la necesidad del ahorro y la racionalidad del consumo.

Empero, por encima de todo, hay una alerta viva que subyace en este serio fenómeno: la calidad. Una fracción importante del agua dulce disponible sufre algún tipo de contaminación, cuando se emplea en exceso o escasea y la Organización Mundial de la Salud indica que millones de personas la consumen sin garantías sanitarias, lo que provoca hasta 30 mil muertes diarias y gran cantidad de enfermedades.

Tal situación, las reservas existentes y el irreversible cambio climático pueden acelerar nuestra desaparición.  El tema no es exclusivo para expertos y gobiernos. Si queremos vivir, hay que sumarse.