20130421220334-juramentacion-2.jpg

Por Graciela Guerrero Garay

Las palabras de Nicolás Maduro en la ceremonia de investidura como presidente constitucional de Venezuela fueron para los latinoamericanos. Allí, sin euforias ni tiradas de pelo, estaba el sentir de los revolucionarios, los que mueven las cuerdas de la tierra para bien público, por ideas mejores, por metas más humanas.

Creció el inolvidable y bolivariano Comandante Hugo Chávez Frías. Se escuchó la voz de quienes hacen Patria a pie, para entregar sudor, amor y sueños. Latió fe, convencida de que la unión es la fuerza de los pueblos, el mañana de un país, la fortaleza de una nación. Venezuela, este viernes 19 de abril, reescribió con dignidad la historia de América Latina.

Renace, cincuenta y dos años después, otro Girón. No creo que sean casualidades del destino. Abril, empero, parece destinado para honrar los movimientos socialistas. Otra victoria para los humildes, desde los humildes. Tampoco en la tierra de Bolívar ganaron los mercenarios. En Cuba, la invasión bien pagada por la CIA, se hizo polvo en la Ciénaga de Zapata. Eran estos días de la primavera de 1961.

El excelente discurso de Nicolás Maduro enardeció al continente. Juró hacer una revolución dentro de la revolución y llamó a la paz, al diálogo, al trabajo, a lograr la eficiencia y la libertad definitiva de los venezolanos a partir de multiplicar las riquezas y consolidar la economía.

Un buen texto para ponerlo de cara al futuro, por el socialismo del siglo XXI. Fue una ceremonia que enorgullece a la Patria Grande, con esa voluntad constitucional de integrar y respetar la diversidad pero, todos, enfrascados en el bienestar general y de juntillas por los mismos caminos de lucha, por la garantía del país y de cada uno de sus individuos.

La solemne acto, el momento de recibir la banda presidencial y el gran collar del libertador,  la presencia de María Gabriela –la hija de Chávez- para entregarle los emblemas y luego ese himno vivo, a una voz, tras sus palabras que, sin límites, demostraron su fidelidad al legado chavista, dejarán huellas en el continente y deben ser referencias obligadas de la izquierda, como colofón de un proceso electoral difícil y complejo por la reacción de la derecha y su representante Capriles.

Nicolás Maduro es el Presidente Constitucional de Venezuela y América Latina y el mundo, con la asistencia de sus Jefes de Estado y Delegaciones diplomáticas, lo acompañaron este viernes para confirmar, sin medias tintas, su legítima elección con la voluntad popular, aún cuando se realiza una auditoria a las cajas electorales y no se puede hablar todavía de una posición altruista en las filas opositoras.

Con todo, es irrevocable. Venezuela va. Los olvidados siguen en la luz y apenas comienza la nueva primavera. La investidura de Maduro es el Girón del sur. No creo en la casualidad. Hay una causa: floreció y parió frutos el valiente Socialismo del Siglo XXI.