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Por Graciela Guerrero Garay   Fotomontaje: Chela

Hoy, 21 de abril, nació hace una veintena y un poquito de años más, una niña hermosa. Tal vez gritó mucho, no lo sé. Nunca le pregunté que le contaron. Un día, ahora no recuerdo bien la fecha, un grupo de estudiantes de Periodismo llegaron a la redacción de 26. Comenzaban las prácticas docentes de su primer año de la carrera.

Como siempre – y con ese honor enorme que tiene el Semanario de ser forja de generaciones de periodistas tuneros y un centro categorizado por la UPEC por su constante asimilación de futuros colegas- había que tutelarlos, responsabilidad que asumimos y compartimos los reporteros.

Yo seleccioné a Yelaine Martínez Herrera. Enseguida me percaté de su talento por el afán de aprender más y más y pulir, cuantas veces fuera necesario, cada información o trabajo que realizaba, aún cuando no lo hubiera dado en la Universidad. Su olfato crítico salió desde el primer día, en aras de hacer del periodismo una ética revolucionaria, honesta, martiana.

Muchas cosas pudiera escribir, pero este memo es mi regalo de cumpleaños y si lo extiendo, demoro más el brindis que merece degustar y ha ganado ya a pesar del poco tiempo de ejercicio. Se graduó de Licenciada en julio pasado y hay muchos artículos para corroborar el sello que le distingue.

Pues, he aquí a mi querida Yela, una hija que me dio la vida, una colega donde mirarme para seguir la cuesta, una amiga enorme a pesar de la diferencia de edad, de experiencia. Una joven cubana ejemplo, sencilla, noble, poeta excelente, sincera.

Le hice este montaje de uno de los momentos más grande de su vida, sino el que más: su graduación de periodista y su fuerte defensa, que le ganó el CINCO más bonito del mundo. Lo quiero compartir y difundir porque Yela, en verdad y sin lisonjas de maestra, merece un cumpleaños colectivo y, más ahora, cuando la editorial Letra Viva le ha publicado su primer poemario: Tatuajes en el Alma, un cuaderno bello, no solo por el verso y su alcance, sino porque es una poesía donde el más simple o edulcorado ser humano de esta tierra, sin leer entre líneas, puede identificarse y sentir comunión en cada una de las páginas.

¡FELICIDADES, mi niña!, que más puedo decirte con tanto orgullo y remolinos dentro. Se que ahora mismo debes estar gestando tu próximo combate y loca por sentirte bien de salud para, con tu cariño de todos los días, empezar a fabricar flores de letras en la redacción de 26.  

Y, como también eres una decimista de las grandes, te hice esta. Perdona las pifias, no estabas acá para echarle el barniz. Va con todo, como siempre. No hablemos más, brindemos por ti…

Una rosa de las buenas

Mujer en frasco menudo,

hija ejemplar, entregada

Yelaine trae un escudo

de sencillez encarnada.

Creció la niña, bravura

del periodismo tunero,

pluma de alto tintero,

clara como la llanura,

poetisa de exquisitura,

ser humano, verdadero.