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Por Graciela Guerrero Garay

Aunque todavía los salarios de los cubanos no alcanzan para suplir plenamente las necesidades domésticas y los precios continúan sobredimensionados para la mayoría de los consumidores, la economía en la Isla avanza a buen ritmo, con paso preciso y marcando hacia delante.

Esta esencia destacó los análisis de la última reunión del Consejo de Ministros, en la cual el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de Cuba, llamó a chequear sistemáticamente todas las medidas adoptadas para corregir los errores posibles y no detenernos, a pesar de los obstáculos que puedan surgir.

La sesión de trabajo de la alta dirección en el país centró el debate en las Directivas Generales para elaborar el Plan de la Economía y la propuesta de Presupuesto del Estado para el 2014, donde cubanas y cubanos esperan con certeza los frutos de las transformaciones que acontecen y las cuales, sin dudas, se ejecutan con la voluntad de mejorar el proyecto socialista y romper los esquemas que frenan el desarrollo y las metas trazadas.

En ese sentido Raúl puntualizaba que hay que pensar cada cosa que se haga y reflexionaba, al mismo tiempo, que las directivas son la guía para una mejor planificación, pero que no pueden convertirse en una camisa de fuerza, sino que están sujetas a la argumentación y la flexibilidad.

Una vez más se apeló al accionar de las entidades y empresarios nacionales para echar a andar las reservas de eficiencia existentes en la economía, detalle que aún no sincroniza de manera pareja en todos los lugares ni se responde con la celeridad posible, aunque es innegable que la aplicación de los Lineamientos para la Política Económica y Social de la Revolución y los debates privativos en los organismos abrieron y abren ventanas muy oportunas para el presente y el futuro de la nación.

Entre los nudos que se desatan en pos de elevar la eficiencia y la gestión del sistema empresarial, Marino Murillo, vicepresidente del Consejo de Ministros, señalaba la venta de inventarios ociosos o de lento movimiento, la actualización de los objetos sociales y el aprovechamiento de las energías renovables, al tiempo que puntualizaba que “solo transformando el sistema empresarial, que es  donde se producen las riquezas, lograremos un desarrollo económico sostenible”.

Las Directivas discutidas llevan intrínsecas esta apertura y la intención estatal de aprovechar el buen momento que vive el país, a la vez que se trabaja con más orden y disciplina, no solo para potenciar las exportaciones y contener el incremento de las importaciones, sino en pos del emplazamiento y el reto mayor que tienen los cubanos: favorecer la producción nacional y local.

Raúl acotó con meridiana precisión que la complejidad y magnitud de los problemas no permiten resolverlos de un día para otro. Quien se asome a la Cuba de ahora mismo notará, sin dudas, - en unos lugares más que otros, por supuesto-, que varias fichas se han movido para bien y que la economía no es coser por coser. Es una dialéctica con accionar propio que distingue estos tiempos de cambio y avanza, a pesar de que todavía el cubano no la vea en la mesa.