20121215074813-400-azucar-produccion.jpg

Por Graciela Guerrero Garay

Lejos de lo que los escépticos puedan percibir o los analistas acorralar entre los “porqué y los por cuántos”, afirmar hoy que la economía en Cuba cierra el presente año con un resultado favorable es un logro indiscutible de la unidad, transformación y gradual aplicación de los Lineamientos de la política económica y social en la Isla, luego del magistral debate e igualmente cívico VI Congreso de su Partido Comunista.

No se trata  exclusivamente de un asunto puramente político o económico, desde mi punto de vista. Es la evidencia de que los cambios, paso a paso, quitan pestillos a ventanas necesariamente cerradas por años y no por capricho, como intentan hacer creíble quienes no comparten los ideales soberanos de una Revolución, empinada sobre sí misma contra viento y marea.

Y lo significativo puede estar en el hecho de que, a pesar de este signo positivo, algunas actividades no cumplieron sus programas previstos y se incrementó el asedio y el impacto que marca, en el contexto de la debilitada economía cubana, el bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por los Estados Unidos, la prevalencia de una aguda crisis mundial y el alza cada vez más lacerante del precio de los alimentos en el mercado internacional, donde los cubanos están obligados a comprar el 60 por ciento del arroz que consumen –por citar un producto- e invierten unos 120 millones de dólares en adquirir diferentes renglones alimentarios.

Con esta enorme carga de limitaciones objetivas y sumando los aspectos subjetivos y las deficiencias del modelo económico que aún prevalece, es notable que Cuba pueda calificar de favorable la ejecución de esta vital tarea, a la que dedicó el Consejo de Ministros una mirada aguda en la primera semana de este mes y donde el General de Ejército Raúl Castro llamó a examinar cada cifra con profundidad y no verlas como simples números.

Asumir con realismo los programas productivos que se trazan las empresas estuvo igual en la alerta del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, quien con certeza indicó que para superar las insuficiencias hay que comenzar a elaborar bien los planes. Y esta realidad es más que urgencia en un país donde, desde adentro, se debe dar el salto mayor que le permita incrementar sus indicadores para este 2013 que llega con muchas expectativas y poca seguridad allende al mar.

Parados en el óbice del tema, estimula saber que la economía cubana crecerá en un 4,5 por ciento y existe un pronóstico de incremento del Producto Interno Bruto de 3,1 a precios constantes, aún cuando es inferior al 3,4 por ciento previsto. Con todo, se avanza en la Mayor de las Antillas y se enriquece al notar coherencia con la política de incrementar la producción material y garantizar los niveles de servicios sociales con mayor eficiencia.

Este año 2012 se fueron al piso las apuestas apocalípticas de que esta nación iría a la banca rota. No es para abanicarse, pero sin dudas Cuba demuestra, otra vez, su inquebrantable voluntad de validar con todos y para el bien de todos, el concepto de Revolución emitido por su líder genuino, Fidel Castro.

No titubeo al vaticinar que el 2013 será mucho mejor. Estos aires de cambio que sacuden a la isla hermosa bautizada por Cristóbal Colón como la más en sus viajes de descubrimiento alientan. Cubanas y cubanos van y buscan el perfeccionamiento de su modelo socialista. Y cuando un pueblo y su Partido quieren, no hay piedra que no derrumben.