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Por Graciela Guerrero Garay   Foto: Lloansy Díaz Guerrero

Esta semana el General de Ejército Raúl Castro llamó, en la última reunión del Consejo de Ministros, a examinar con profundidad cada cifra de la ejecución de la economía y no verlas como simples números. Puntualizó después que detrás de los incumplimientos se erogan millones de dólares para suplir el déficit, y enfatizó en los alimentos pues todo, al final del proceso, obliga al país a incrementar las importaciones.

Con el tema del pan no se trata, exactamente, de alcanzar o no la cantidad de producción prevista y asignada a cada panadería, sino de la calidad, un aspecto elemental que ocupa la mirada crítica cada año de los medios de prensa locales y no acaba de estabilizarse. Si hubiera otras opciones, en la mayoría de los establecimientos quedarían las sartenes llenas sin venderse en ventanillo, porque los consumidores, salvo alguna excepción,  no se sienten satisfechos.

Tal vez el ejemplo ilustrado lo dio un vecino del Consejo Popular 18, quien compra en la unidad enclavada en el mercado Leningrado, al adquirir su cuota: ¿esto será un pan o una bola? Y El reloj marcaba las 8: 00 de la mañana y era de suponer que debía estar caliente y con olor a “sacadito del horno”.

Pero esta panadería no es la peor de todas ni la única. Sucede lo mismo en el reparto Aguilera o Casa Piedra. Se alega que es la calidad  de la harina o la tecnología. O… Pero los argumentos no resuelven el problema y la verdad es cotidiana: a unas horas de llevarlo a casa, se pone duro, agrio, con una capa blanca en la cubierta y tan “tieso y compacto” que, como demostró con ese picante argot popular el consumidor de marras, sirve exactamente para jugar a la bola o al beisbol.

El problema es vitalicio y resulta casi irracional aceptar que los insumos y la materia prima son siempre malos. Más bien las evidencias apuntan hacia una inercia en asumir con decoro un oficio el cual siempre recibió los aplausos del pueblo, sobre todo cuando este alimento se vendía en forma de flautas y era censado como ahora.

También llama la atención que este deterioro contagia igualmente al liberado y al llamado pan suave, ofertado a tres pesos en las mismas unidades de ventas controladas por la libreta de abastecimiento.

El análisis del Consejo de Ministros sobre la economía se concentra en el cumplimiento de los planes con un enfoque crítico que reclama, en primer orden, a valorar la trascendencia  para el país de consolidar la implantación de los lineamientos, pero no hay que leer entre líneas para saber que un plan materializado sin calidad es tan nefasto como no alcanzar una meta prevista.

El pan es un alimento esperado por  todos y necesario como sustento elemental para comenzar el día, esencialmente para niños y ancianos, y la merienda de los escolares de la enseñanza primaria. Es hora ya que ese cambio consciente que se nos pide para mejorar y avanzar empiece a dar señales de crédito.

Tal vez la esencia de no lograrlo con calidad sea culpa de lo que dice Teresita Fernández en una de sus populares canciones infantiles y no de la materia prima… “a las cosas que son feas, ponles un poco de amor…”. Quién sabe si con estas magias de fabricar la pertenencia y prestigio colectivo nadie más cuestiona en voz alta: ¿hacen pan u hornean bolas?