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Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

Los saludos habituales que se cruzan los cubanos por estos lares del oriente están matizados en los últimos días por una frase, que sin ser exclusiva en este archipiélago, lleva el tono sofocante de este intenso verano, que para muchos, sin mirar las estadísticas meteorológicas, es uno de los más fuertes en años: “ ¡¡¡¡Qué calor, nos derretimos, compadre!!!”

No más desgrana el rey de oro sus sables amarillos, en las primeras horas de la mañana, y comienza a sentirse el fuego de sus lengüetas ardientes, confirmando que en esta zona las temperaturas simulan o son siempre más altas que en el occidente del país y, no por gusto, esos coterráneos nuestros la bautizan, de manera popular, como la tierra caliente.

Tal designio no se relaciona, empero, con el verano y los sudores que se tienen desde que uno se despierta hasta que va a dormir, acompañado incluso con los ventiladores al máximo. Sino que trae la impronta del invierno – los pocos intensos que han hecho en Cuba- pues mientras desde el centro del país hasta el cabo de San Antonio se titiritaba, en las provincias orientales apenas algunos usaban suéter ante las frescas y agradables brisas de la temporada.

Ahora todo es diferente. De punta a punta, la isla se baña de un obstinante calor que irrita los ánimos  y hace sudar hasta al gato. Mas, Las Tunas, Granma (Bayamo), Holguín, Santiago de Cuba y Guantánamo  anotan los grados centígrados más altos y nadie puede evadir esos baños de sol continuos que se convierten en el tema recurrente de la cotidianidad, porte sombrilla, gorra, sombrero, pamela o cualquier otro atuendo amortiguador.  

La temperatura promedio de Cuba, anualmente, es de 26 ⁰C  y los meses más calurosos son Julio y Agosto. Sin embargo, el fuego del verano se trasladó con igual fuerza a este septiembre y los días suceden “sin que se mueva una hoja”, al tiempo que no refresca aunque caiga un aguacero. Al contrario, detrás viene más calor.

En Las Tunas, por ejemplo, las máximas están siempre en los 32⁰C o más, llegando incluso hasta 35 grados en determinados días, bajo sombra, de aquí que los tuneros no encuentren sosiego si no es delante del ventilador o en aire acondicionado, pero si hablas con un santiaguero o un granmense la respuesta es la misma: “no hay quien resista esto. Nos vamos a freír”.

Todo esto tiene relación directa con el cambio climático, el debilitamiento de la capa de ozono y las explosiones solares, sobre las cuales los científicos llaman  a prestarle la mayor atención pues en marzo último se reportaron 13 llamaradas de gran intensidad en solo 48 horas y, una de ellas, es la segunda de mayor nivel con orientación general a la tierra  en todo lo que va del ciclo solar.

Lo más inquietante es que está demostrado que las perturbaciones, tormentas magnéticas y la presión atmosférica tienen probadas influencias sobre la salud humana, porque no existe en el cuerpo del hombre un órgano o tipo de célula que desempeñe un papel receptor de las mismas.

Así que este intenso calor que hace hervir las venas de los tuneros y de los cubanos en general va más allá “de un sofoco cotidiano” o un saludo “atmosférico”. Es, más bien, un indicador de que los pronósticos del tiempo se cumplen y las políticas ambientalistas no son meras propagandas. Este calor enferma y los soles intensos también.

El reclamo de cuidar la capa de ozono, reforestar nuestras tierras y no exponerse innecesariamente a las radiaciones del astro –luz va con todos, pues el calor seguirá grados arriba y nuestro bienestar anda en peligro. De ahí nada extraño que por estos días muchos hagan un alto en el camino y se detengan a tomarse una cerveza Mayabe, un refresco o busquen las sombras de los árboles.

Confirmar por  fuentes especializadas que la temperatura media de Cuba se elevó casi un grado Celsius en las últimas seis décadas por el cambio climático, para los tuneros y cubanos tiene una descodificación única: ¡¡¡¡¡Ufff, nadie aguanta este calor!!!!