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Por Graciela Guerrero Garay

El comunicado de la Presidencia Ucraniana es clarísimo y concreto: “Unos 23 mil menores han recibido atención médica en el centro de rehabilitación cubano de Tarará para superar las secuelas del accidente nuclear más grave de la historia, ocurrido en 1986 en la planta nuclear ucraniana de Chernóbil”.

El 30 de marzo del 2010, un cable de la agencia Prensa Latina relacionaba la noticia. Más de 25 mil personas afectadas por la explosión nuclear de Chernóbil fueron atendidas hasta hoy en Cuba.  La mayoría de los pacientes tratados fueron niños provenientes de Moldova, Bielorrusia y Ucrania, argumentaba. Y dejaba al desnudo algo más, “con un carácter humanitario y gratuito, el programa está basado en la atención médica integral…”

Cuba, primer territorio libre de analfabetismo en  América Latina desde 1961, ha extendido el programa de alfabetización “Yo, sí puedo” a otros países latinoamericanos y del mundo, como parte de sus misiones internacionalistas, acota otra información que acuña los valores solidarios de nuestra nación, aún bajo cruentas tensiones económicas, enfrentando batallas epidemiológicas, ataques subversivos, amenazas bélicas, embastes climatológicos y un duro bloqueo económico que le obliga a multiplicar los gastos para importar los alimentos básicos del pueblo, por citar un ejemplo priorizado en la agenda estatal.

Hasta principios de este año, Las Tunas tenía en 51 países a dos mil 423 colaboradores de la Salud Pública, mientras que la isla en general abarcaba a 77 con unos 38 mil profesionales. ¡Qué decir de las labores humanitarias en Haití después del  terremoto y de la Operación Milagros, que ha devuelto la visión a miles y miles de venezolanos y latinoamericanos!

Las verdades explotan por sí mismas, no necesitan de un tintín de empujoncito. El testimonio es vivo, incluso entre nosotros mismos que sabemos de estrecheces domésticas, colas, deficiencias, peloteo y cientos de cosas más que andan torcidas, pero nunca de ataques policíacos con gases ni mangueras de agua. Ni explosión de carros bomba, ni tiroteos ni pandillas oficializadas.

Empero, el 18 de agosto el Departamento de Estado nos incluyó en la lista negra de los “Estados patrocinadores del terrorismo internacional, con el único propósito de desacreditar a nuestro país y continuar justificando la política cruel y repudiada de bloqueo contra Cuba”, como indica textual  una declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores. ¡Excelente moral en calzoncillo la de los señores del imperio!

Por trigésima vez se arrogan el derecho de apuntar con el dedo  en este tema de denuncia y condena a naciones que ellos, desoyendo el reclamo de los pueblos y la voluntad expresa de sus presidentes y organizaciones, de respetadas figuras de prestigio mundial y de gente común con sentido común, le muestran su terrorismo de muerte sin piedad alguna.

Macabro juego de hacer llamar la atención sobre segundos o terceros para que se ignoren las raíces verdaderas de un imperialismo que se cuece hoy en su propia sopa amarga. Donde cada segundo asesinan a un inocente. Hacen guerras bajo cualquier manido pretexto y alientan, con campañas mediáticas y genocidas, al saqueo de la conciencia y la soberanía  de países, etnias, razas, religiones y todo cuanto estorbe a sus intereses clasistas.

¿Saca usted sus propias cuentas? Entonces nada más hay que decir. La verdad, repito, explota por sí misma y, más temprano que tarde, los Estados Unidos de América caerán sobre el plomo de su propia metralla. Las torres gemelas y el caso de los CINCO están desnudos a ese mundo que pretenden, desde la Casa Blanca, confundir. Solo que desechan lo que es otra verdad irrebatible. Cuba ya no es un fantasma. Cada día son más los que saben quienes son los verdaderos terroristas. Saque sus cuentas propias y verá.