20110821161654-mariseli.jpg

 

Esa mujer que renace

Texto y fotos Graciela Guerrero Garay

Por estos días las estrellas subirán al cielo, desde esos mapas imposibles de cuevas secretas donde se esconden hasta desparramarse como en los cuentos de magia por todo el universo. Y este sortilegio de sensibilidad aflora porque, justamente en Cuba, renacen en agosto, el 23 de manera especial, muchas mujeres. Negras, blancas, trigueñas, rubias, gorditas y flacas, todas tiernas y con los ojillos brillantes mirando al mañana.

No es un simple juego de figuras literarias o el embrujo semántico de la metáfora. E s una realidad que cumple 51 años, de blanco y lunares, retos y empujones. Una verdad criolla y revolucionaria que se llama Federación de Mujeres Cubanas, FMC en la pujanza de sus siglas. Ahora, de cumpleaños, se multiplica por las cuadras de los barrios, entrega carné de afiliación a los nuevos ingresos, monta exposiciones de artesanía, apaga velitas, realiza trabajos voluntarios en las delegaciones y bloques y, por encima de todo, vitaliza sus raíces entre las brisas de los tiempos actuales.

En una nación donde el machismo fue raíz y maleza todavía dispersa por ahí, decir hoy que  las cubanas son casi la mitad del total de trabajadores del país (47,3 por ciento)  es una conquista irrebatible de la organización femenina en la Isla. Igual que - en cifras que se acercan al millar -, las chicas de 17 años optan de manera voluntaria por el Servicio Militar Femenino y Las Tunas, este territorio Balcón del Oriente de Cuba, figura en la lista de los destacados.

Son esas estrellas que renacen y nos acercan al recuerdo de esa mujer, quien será siempre alma de las marianas en Cuba: Vilma Espín. Defensora a ultranza de los derechos femeninos, de la reivindicación de las campesinas, las obreras, las amas de casa, las discapacitadas.  Quien creó  el aliento de un gremio que, medio siglo después, siempre tiene fuerzas para espantar las sombras y poner luz en los atisbos.

Más de cuatro millones de cubanas que este 23 de agosto siguen abrazadas a la certeza de su causa. Se encuentran en la historia de las transformaciones cotidianas, en ese arte tan nuestro que las manos no dejan morir como la muñeca de trapo, los pañitos de cocina, las agarraderas, las alfombras de tiritas de colores... Esa gracia que le rueda, cual la piel, y le hace vencer la adversidad y las carencias, trasmitir la herencia llegada de la manigua mambisa, respetar la memoria de sus muertos, volar con la fantasía de los hijos, compartir azada con el hombre y hacer del hogar un remanso feliz sin lujos ni cheques bancarios.

Es la cubana, grácil y gentil, sonriente y solidaria. Federada que despierta con el buchito de café y el amor entre las palmas. Arriera, creativa, sacrificada y solidaria, encantadora y propia, con el aroma del batey y la comunidad. Con la disposición de soldado y guerrillera, y el corazón ahí, en la solapa, fuerte y rojo, sol y luna, sueño y éxito. Revolucionando su estandarte: FMC, con la misma infinita pertenencia que Mariceli engendra una a una sus bellísimas muñecas.