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Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

Pienso. Y el padre está ahí en esa semilla que crece y se cultiva.  En quien decide muchas veces el destino del hogar y de los hijos. En quien riega lo bueno y lo malo. En quien levanta la primera piedra o emite el primer regaño. En quien trasmite la seguridad y el miedo. Padre es esencia y vida, por encima de cualquier virtud o apotema humano, logístico, matemático.

Padre es amor y trae el don de recibir el primer balbuceo de su estirpe. La magia de tener las manos rudas y más fuertes. Callosas en la ternura del tiempo y las esperanzas. Privilegiadas en dar seguridad y compañía. Padre es sentir un halo de luz ejemplo en las pupilas.

Cada día puede estar dondequiera que estemos, y salvar la rutina del espasmo. Padre no es cualquiera como, a veces, se trata de minimizar su condición. Padre es, en todas las estrellas de este mundo, el intenso calor de los cariños. La herencia de la sangre, el sudor de la familia, el tacto en la oscuridad, el silbido de esperanza, la sombra dibujada en los caminos. Padre es el encuentro de los juegos, aciertos y desaciertos cotidianos.

Padre es símbolo de estirpes y naciones, de leyes y descubrimientos, de historia y geografías. Padre es fe de los que creen y luchan más allá de las líneas borrosas de los horizontes. No podemos dejarlo a que se caiga entre las interlíneas modernas del olvido, porque sus espaldas son los mares donde navega la impaciente calma del futuro y sus hombros, con la cascada de los llanos y montañas, destruyen la esclerosis de los huesos y empinan los papalotes cotidianos, te alzan y te llevan a ese sitio que es el más alto del mundo.

Hoy es tu día, Padre. Un día que el almanaque cronológico de ideas hizo para decirte que “Te quiero”. Tómate todas las rosas blancas, rojas y amarillas de la tierra y sigue cosechando tu batalla. La felicidad es un mito caprichoso del descuido. Se feliz y engendra, que esperamos por ti, porque eres TODO.