20110301130735-pericopepe2.jpg

 

Algunos se llaman Pepe

Por Graciela Guerrero Garay    Fotos: Lloansy Díaz Guerrero

Tranquilo en su jaula, pero llamando a grito pelado a Migdalia o bailando el “ula ula”, pasa la vida en cautiverio ignorando que pertenece a la familia Amazona leucocephala. O que los indios le llamaban caica, higuaca o paraca en aquellos tiempos en que volaban en bandos sus antecesores, tan libres como el viento y sin el cuño de advertencia: especie en peligro de extinción.

Pepe es feliz, no hay dudas. Vino a formar parte de un hogar humano donde le cuidan y miman como a un chiquillo más. Pide pan cuando le aprieta el hambre y les da el “piojito” y la “patica”  a los miembros de la casa, pero se pone bravo si le provocan con algún objeto punzante o le hablan alto. El parloteo que forma eclipsa los alrededores.

Su vida es similar a la de muchos pericos, cotorras, loros o coticas como se les conoce, según la región, a estas fantásticas y carismáticas aves del archipiélago cubano. La diferencia la marca la costumbre que haya aprendido de sus dueños o la habilidad que estos, con paciencia y enseñándosela desde muy pequeñines, logren desarrollarle.

Pepe toma café en las mañanas, junto a Migdalia y el día en que demora un poquito “la colada” de su dueña, pues a taparse los oídos. De que la arma, la arma. Tiene ya 12 años y no acepta que le sustituyan el aromático trago por ningún otro. Lo identifica y saborea como todo un catador de vinos y si por maldad le brinda otra cosa en su tacita, se lo escupe en la cara de no poner  rápido pies en polvorosa.

Como todo un buen “cotorro” tiene sus propias creaciones y sorprende con alguna que otra palabra nueva, agregando  a su léxico el nombre de alguna chica, de las tantas que vienen a arreglarse el pelo en la peluquería de Yamila, la hija de Migdalia. Y hasta las piropea con una gracia tal que deviene encantamiento para quienes le conocen por primera vez.

Lo cierto es que Cuba es reservorio natural de esta genial especie de aves, endémica de la Isla y con programas bien concebidos para su preservación y sobrevivencia, para que no suceda como el Guacamayo cubano que se considera extinguido desde principios del siglo XX. Varios autores le dan como parientes cercanos a las cacatúas y las enmarcan entre las 10 mil especies plumíferas que existen, de las que afirman surgieron  de los reptiles hace unos 200 millones de años.  

El vistoso plumaje de las “coticas” es divino y resalta la magistral obra de la naturaleza y el reino animal. El contraste no rompe la armonía, se complementa, sobre todo en la cabeza, donde el verde hace galas de sus tonalidades, lo funde con el rojo, el blanco y un discreto color negro que llevan las plumas alrededor de los oídos.

No hay nadie que pueda sustraerse al encanto de estos loritos cubanos. Las niñas y niños son quienes más atraídos se sienten en llevar alguno a casa, para cuidarlos en jaulas o montados en aros que hacen de goma o metal.   Lo cierto es que ellos aprenden con una facilidad tremenda los nombres de las personas que les rodean, exigen su “pan” y hasta se gastan las bromas de decir alguna que otra palabra “mala” que denuncia las impúdicas fonéticas del diccionario.

Mi vecino Pepe es uno de estos traviesos compañeros que rompen la rutina de la convivencia. Su parloteo me hace tomarlo en cuenta.  Baila como todo un señor el “ula, ula” y se pasa todo el tiempo pendiente de Migdalia y los movimientos de la casa, avisando si alguien llama a la puerta o entra sin avisar. Llegó a la familia apenas con algunos plumones.

¿CURIOSIDADES DE ESTOS CURIOSOS?

Los investigadores indican que pueden reproducirse en cautiverio, en cajas nido de madera, con un reducido espacio vital, simulando los huecos de los árboles que hacen los pájaros carpinteros en las palmas secas que son, generalmente, los más utilizados para la nidificación, aunque también hay reportes del ciclo reproductivo en árboles de mango, aguacate, mangle y rocas ahuecadas como la raza existente en Las Bahamas e Islas Caimán.

Ya a comienzos de marzo empiezan a buscar los nidos, luego del romanceo que inician en estos últimos días de febrero con un juego en parejas que va desde el aloaseo hasta la compañía permanente, con el intercambio de alimentos hasta cópular. Hay autores que afirman que se da entre ellos el homosexualismo, sobre todo en cautiverio ante la inexistencia de un  dimorfismo sexual que permita el cotejo acertado de las parejas.

De cualquier manera, los periquitos o cotorras cubanos son una reliquia valiosa y bella de la fauna de la Isla y un tesoro que los cubanos cuidan hoy con esmero y amor bosque o casa adentro, para que el gavilán y la caza indiscriminada no le quieten el don de ser un ave genuina y cautivante que acepta al hombre como su compañero de vida. Y, por tanto, le debemos cuidando el ecosistema y los paisajes naturales y antrópicos que le rodean para que duren los 25 años que por ley natural deben vivir.