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Adelante, panas, el sol sigue arriba

Por Graciela Guerrero Garay

La alegría de los cubanos va más allá de las razones que quieren hacer ver como absolutas los analistas del imperio. En esta Isla se ama a Venezuela y a los venezolanos por encima de los lazos políticos, las ayudas económicas y las raíces que tenemos en común como parte de América Latina, que fue y será siempre UNA.

Se ama desde milenios, porque desde José Martí y Simón Bolívar andan juntos  estos amores honestos y compartidos, lejanos a los infundios  de que nacen ahora, al calor de la amistad personal de Fidel Castro y Hugo Chávez, como tratan de sembrar en multitudes las campañas mediáticas y la propaganda antisocialista.  Y manipulan la realidad asegurando que el apoyo viene porque Cuba pasó de “colonia” soviética a “colonia” venezolana. Mentiras de águilas, de opositores comunes que, al final, les importa un comino el destino de su pueblo y solo piensan en sus riquezas personales, beneficio propio y liderazgo a cualquier precio.

Gente que desconoce – porque les da la gana, pues la verdad está ahí en hechos, cifras, gentes, barrios, fotos y videos – que la revolución bolivariana, como la cubana, les quitó hasta hoy la ignorancia a millones de compatriotas, les lleva la salud hasta la puerta de la casa, busca el bien colectivo y atiende sus prioridades, en medio de amenazas, tensiones, conflictos y debacles que recrudecen por minuto y hacen más desigual y ardua la lucha de sus soberanías y fortaleza de los procesos que asumen, dentro de la filosofía del sistema socialista.

Cubanos y venezolanos se aman porque el amor les viene desde adentro y se ha multiplicado en los últimos años con las misiones y colaboraciones médicas. Con los programas conjuntos que atacan la miseria, poco a poco, y proyectan más justicia social entre las clases desprotegidas, aunque sea un proceso demasiado largo para las voluntades políticas y no se puedan suplir de un golpe las necesidades de todos.

Esta alegría que ahora se comparte con la tierra de Bolívar es genuina y solidaria. Merecida por los millones de panas que despertaron del letargo en los cerros, barrio adentro, donde les daba asco pisar a los que hoy tratan de oponerse al deseo popular de salvar la nación de una desigualdad marginante, y quieren demostrar al mundo que el líder de la Revolución Bolivariana no es querido por su pueblo. Los 98 escaños logrados por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) confirman que los escuálidos no tienen la sartén cogida por el mango.

Y como argumentó este 27 de septiembre una panelista de la Mesa Redonda Informativa, que trasmite el canal Cubavisión,  si se compran los números de las otras elecciones con estas del 2010, los partidos que representan la oposición han perdido este domingo en las urnas más aún todavía. La victoria electoral de Chávez es rotunda y patentiza que el socialismo del siglo XXI es fuerte, justo y anida en los corazones de las grandes masas, para quienes está diseñado sin promesas ni falsa democracia y se consolida en hechos y metas concretas.

América Latina ganó en buena lid su última batalla. Venezuela es el ALBA de los pueblos. Sí se puede. Los cubanos estamos contentos. Y no es el aparente regocijo de una alianza política. Es la certeza de que el nuevo sol que alumbra el continente no hará sombras. A los cerros subieron los cubanos. De los cerros bajaron los panas con ese amor milenario que ha pintado, otra vez, el vigor de la vida. Pobres águilas. Ni con el tiempo aprenden que se ha dicho BASTA y echamos a andar.