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El cumpleaños es del pueblo, Fidel

Por Graciela Guerrero Garay

Esta vez celebramos por partida doble. En los campos, esos campesinos que vieron la luz con la Historia me Absolverá, armarán el guateque con mayor alegría. Allá en el lejano Chernóbil muchas familias recordarán su nombre hasta con misticismo. Por Latinoamérica  sus manos fuertes, blancas y a la vez tiernas revivirán esperanzas y reanimarán la lucha por un mundo mejor. La distancia no mata la memoria, la confianza, la certeza, el reencuentro. Mucha gente lleva sus batallas y victorias en la piel, los ojos, el corazón y el camino.

Esta vez no le podremos regalar nada importante, sino agradecerle. El nos regalo su presencia. Vital, lúcida, tranquila, previsora, humana, revolucionaria, sincera, universal. A pocos días de su 84 cumpleaños rompió, enhorabuena, las barreras del silencio omnipresente. ¡Y de qué manera, Comandante! Es inevitable, agradecerle. Celebramos por partida doble su onomástico. Le ha cantado a la paz su voz enérgica. Ha demostrado que los años no cuentan sino en los almanaques. La vida y la virtud no tienen fechas.

Agosto tiene ya más de un día hermoso. Y no es como dicen los sordos de los mundos, opacos y confusos.  Nadie le adula. Se le respeta. Se le quiere, porque pensó en los más y sacó cuentas claras. Porque internacionalizó su inteligencia y escribió un poema diferente, a esos sangrientos versos que marcaban la Patria. Multiplicó. Repartió. Entregó. Enseñó.

Mucha salud, Comandante. Gracias por esa voluntad inquebrantable.  Por la luz de sus sueños y su sabiduría. Gracias por los niños que hoy, Sierra y llano, no viven bajo espadas de muerte y de napalm. Gracias por los ancianos que encuentran en su obra cobertura total, aún con limitaciones, escaseces o dificultades cotidianas, pero mucho mejor, excelentemente mejor, que los de muchas latitudes. El ALBA ha enseñado el pecho desgarrado de los pobres y las lágrimas del desterrado, que hace 50 años su coraje apartó de nuestras coordenadas.

Hay que agradecerle, Comandante. También en estas cosas de las fechas y los nacimientos, y las celebraciones. El Feliz Día lo ha dado usted con su presencia. Se harán las fiestas de pueblo como siempre. Se le cantará con la guitarra del trovador triunfante. Volarán sus palomas. No es adulación. Es homenaje. Es la tonada de la libertad de amar a quien merece. Felicidades, Fidel. Esta ola de abrazos que despierta las palmas no es nueva, pero esta vez celebramos por partida doble. Gracias, por todos, Comandante.