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A todos los papás del mundo...a quienes un día nos dieron la vida desde el vientre de mamá... a los que están aún para sostenernos... a los que partieron pero nos dejaron para siempre la huella en la piel... a quienes nos aman en la distancia y nos besan con la ternura de la amistad, las buenas ideas, la esperanza... a todos los que crean y aman y llenan la tierra de pensamientos hermosos, limpios, paternales... Papá es semilla, polen y fruto...amor y fuerza... Para todos, nuestro respeto, cariño y deseo sincero de que hoy en su Día y en los que vendrán reciban el regalo de una voz muy tiernecita que les diga siempre...TE QUIERO, PAPÁ...

 

Por Graciela Guerrero Garay    Fotomontaje: Chela

 

Nuevamente camino contigo, padre mío, y comprendo la dimensión multiplicada de la fuerza del cariño. Eres importante y vital, con tus caprichos, tus desvaríos, tus regaños, tu demasiada rectitud para mi gusto y mis modos de crecer en paralelo… y hasta con esa costumbre que no entiendo de perderte alguna vez y no encontrarte en el momento justo en que te busco.

 

Nada puede reemplazarte, papá. No le creas el cuento a los que dicen que Mamá suple tu ausencia y tu presencia. Es hermoso tenerte para juntos jugar un poco a la pelota, escalar cualquier montaña de papel o montar a caballo. Sacar de sus cuevas a las arañas y caerle detrás a las ranas… o desafiar el peligro de aprender a nadar y meternos en lo hondo de la playa… ¡Es nuestra burla al miedo, que tú espantas con esa seguridad tan especial que te caracteriza!

 

Me gusta ser como tú, Padre… grande, fuerte, arriesgado, decidido, elegante…Necesito saber que llegas cada día y me levantas, a veces con demasiada seriedad ante la última travesura que dejé marcada en la pared o echa tiras de colores por el piso, pero siempre con una pizca de complicidad y ternura, de orgullo, porque sabes que también acepto el reto de encarar la vida y defender mi espacio.

 

Te quiero, Papá. Lindo es contar contigo. Verte detrás de alguna ventana de mi escuela. Calando a mis amigos y amigas para hacerlos tuyos o darme una señal de alerta. Estimulando mi valentía, el coraje, la paternidad, las misiones más temibles. Ayudándome a crecer desde dentro, sin titubeos ni remilgos baratos. Hermoso, padre mío, hermoso, tener Papá.

 

Entonces, este tercer domingo de junio, Día de los Padres, abre nuevamente tus brazos y déjame sentir el calor de tu piel y tu ejemplo. Cuídame de los lobos y de los tiburones. Llévame otra vez al campamento donde guardas tus secretos infantiles. Seamos cómplices  de ese amor familiar que nos ata para siempre… Este pacto de amor, nuestro, único, es el regalo que te doy…

 

¡Felicidades, Papá! ¡Felicidades! Desde el corazón, padre mío, sigamos de la mano juntos. Así, te lo juro, siempre será mejor. Ahh… y toma todos estos besos que te dejó el mundo, tus amigos, los míos, la vida, la gente y hasta las palmas y el sol…Para todos, sin excepción, tú eres muy importante, Papá.