20100602072557-montaje.jpg

Felices y seguros, sin opulencia alguna

 

Por Graciela Guerrero Garay    Fotomontaje: Chela

 

No hay anuncios espectaculares tentando los sentidos del placer ni el ocio en la televisión. No hay dramáticos reportes de secuestros ni muertes por hambre. Tampoco en la calle ninguno se disputa el mejor lugar al filo de la carretera y las cómplices luces de los semáforos.

 

Primero de Junio en Cuba, Día Internacional de la Infancia. Martes del 2010. Es de mañana. Puede caer la tarde o abrigarnos la noche. Los niños cubanos no tienen un horario especial ni un homenaje pomposo. Es, virtualmente, un día más. Tan especial como los restantes del año. Se levantaron con el amor de la familia. Salieron temprano a sus escuelas, a los círculos infantiles, a las guarderías alternativas donde también los cuidan. Otros quedaron en casa, bajo el tutelaje materno o de los abuelos.

 

Los que eventualmente están hospitalizados recibieron la visita de los galenos a primera hora. Gratis, sin que medie ningún seguro médico condicionado a etnias, rangos de poder o disposiciones legales limitantes a recibir el tratamiento. Muchos organismos llegaron a las salas de ingreso y les llevaron libros, juguetes, mensajes de cariño y esperanza.

 

Hay protección social y cobertura total al desarrollo íntegro e integral de la infancia, sin opulencia alguna. En medio de serias carencias. Tras la secuela desbastadora de huracanes. Con debacles económicos. Con pandemias. Con la misma espada de Damocles que azota a la humanidad y de la que Cuba no vive al margen. Con un bloqueo económico de 50 años que Estados Unidos mantiene contra la voluntad y el consenso de la mayoría de las naciones. Con un clima que se torna violentamente seco para las aspiraciones de revertir los resultados agrícolas y potenciar las reformas que acontecen en este sector generador de alimentos.

 

Los niños cubanos, felices y seguros. Siempre. En junio como en Enero. Correteando este martes tras una pelota o buscando la sombra de algún árbol en el barrio para jugar bola, pintar sobre el asfalto o dárselas de cazador de fantasías.  Un hecho real que no pueden minimizar las dificultades de estos tiempos a prueba de Período Especial. La mortalidad infantil lo demuestra y la Isla reporta indicadores similares a países del primer mundo.

 

Un martes que cerró sus minutos con una sonrisa fresca en cada rostro infantil. Con la sencillez y la dulzura de las palmas, cual ríos abiertos entre verdes praderas. Un Día Internacional de la Infancia que se multiplica este miércoles que llega ahora mismo, dentro de poco o después…el tiempo y la fecha no importan. 

 

Lo ciertamente puro, lo hermoso es que los niños y niñas cubanos durmieron en paz. Soñaron tranquilos. Son mimados por todos y hay otro amanecer feliz. En Cuba hoy puede decretarse igualmente otro Día de la Infancia. Las razones que validan el homenaje del Primero de Junio están invictas. Y mañana quedarán.