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Por Graciela Guerrero Garay

Un joven hondureño defendía hace poco, en un fórum de discusión referido por el Google, al usurpador e inconstitucional golpe de estado de Roberto Micheletti. Incluso, cita un párrafo de uno de mis artículos publicados en 26 Digital, como muestra de cuán equivocados, atrevidos y desconocedores de la voluntad del pueblo hondureño estábamos quienes, sin viajar a Honduras, condenamos al Goriletti y apoyamos a Manuel Zelaya.

En su “alegato nacionalista” menoscaba los derechos, el valor ético y estoico, el espíritu pacifista y la heroica y altruista lección de unidad mostrada en estos largos meses de lucha y resistencia por miles y miles de niños, jóvenes, mujeres, hombres, ancianos, obreros y campesinos. Aunque, de manera despectiva, acotaba que quienes querían estar con Zelaya, que estuvieran, luego de reiterar que los hondureños de verdad votaron y reclaman un gobierno democrático como el de Micheletti.

Es triste leer esa ventana virtual, pues simula, en efecto, que las palabras escritas de este muchacho son la verdad de Honduras.  No existen el Frente de Resistencia -  esa voz popular y justa que ha recorrido el mundo entero -, esas imágenes aterradoras del dolor de la muerte a chicos quizás como él o contemporáneos, la denuncia constante al ataque con gases, el reclamo vivo, en vivo ante cientos de televisoras, cámaras y grabadoras de fuentes informativas que no han podido silenciar ni con toques de queda ni amenazas, ni interferencias ni “salidas del aire”…

Nada de eso es voluntad del pueblo. No es testimonio de la decisión de un país hecho bandera en sus grandes masas humanas. Para este hondureño estas noticias son farsas.  No valen, no cuentan. Las inventamos los comunistas y afirma muy convencido de que jamás Honduras será Cuba ni Venezuela.

Esa gente, ese mar de pueblo que bajó a Tegucigalpa, que espero a su Mel en las fronteras, que lo cuidó en la embajada de Brasil, está ahí apoyando a Goriletti. Pero la tristeza y la indignación no terminan aquí. Su interlocutor lo elogia como la mejor opinión y lo premia anunciándole que imprimirá su intervención y la mandará a un congresista norteamericano. No dice el nombre. No hace falta. Es lo mismo de lo mismo, ¿verdad? Toiticos con caretas diferentes, pero la misma águila en el pecho.

Una nueva denuncia – seguramente falsa para este muchacho si decide llevarla a un fórum de la red – sobre las más de 400 violaciones cometidas contra las mujeres hondureñas desde el golpe de Estado a esta fecha, trajeron a mi mente el ultraje humano que hemos cometido los humanos contra el término DEMOCRACIA. Se puede hacer todo un culebrón satírico y satánico con las acepciones, propiedades, facultades y prerrogativas que le atribuimos a la “santa” palabrita.

Es “democracia” que mi perro se haga caca y pipi en la casa del vecino, como que un gorila con falacia e ínfulas de poder decida ser presidente, allane la morada del legítimo mandatario, lo deporte a otro país y someta al pueblo a cuanto genocidio sea viable para mantener su empeño, su saña, su meta y su ambición. ¡Y para colmo, hay que oírle hablar de garantías, derechos humanos, constitucionales, mejoras públicas, respeto al obrero y hasta anunciarse como el ángel de la guarda de la nación, su prosperidad y el futuro más perfecto de la tierra!

Patético, sencillamente patético. Así dice la noticia de Prensa Latina que acabo de leer: Los casos incluyen desde insultos, amenazas y persecución, hasta golpizas, despidos, agresiones sexuales y otras formas de violencia, revela el documento presentado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).De acuerdo con el texto, durante la represión de las fuerzas de seguridad contra las manifestaciones antigolpistas murieron dos mujeres a causa de intoxicación con gases lacrimógenos. Otras siete féminas fueron violadas por efectivos del ejército y la policía después de su arresto o bajo el toque de queda."Los abusos se dan contra todo tipo de mujeres, trabajadoras, maestras, abogadas, juezas", denunció Jessica Sánchez, de la organización Feministas en Resistencia, una de las autoras del informe.

¿Habrá leído esto el joven hondureño que se jacta de apoyar a Micheletti? ¿Creerá que, llegado el momento, no correrán el mismo riesgo y la misma suerte su mamá, su hermana, su novia, su esposa y todas las mujeres de su familia? ¿O debo pensar que es tan allegado al “presidente” que les darán protección federal o guardaespaldas a todas las féminas que lleven su apellido? ¿Esta es la democracia que defiende como verdadero hondureño que dice ser?

¿Hasta cuándo la bendita democracia tendrá el color de la sangre y el silencio de la muerte? ¿Qué debe suceder en esta tierra para que la voluntad de los pueblos y las naciones se respete y nadie se atribuya el derecho a mancillarla, sencillamente porque piense y sienta diferente? ¿Cuántos cataclismos más tendrán que vivir nuestros hijos y nietos? El mismo cable trae la evidencia: Otro sector severamente afectado por el cuartelazo es la niñez y la adolescencia. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia hay 79 casos de menores cuyos derechos fueron violentados en acciones represivas desde el golpe de Estado.

Sabemos el costo de las guerras, por muy justas que sean. No creo sea una locura llamar guerra a los azotes del hambre y las pandemias. A las bases militares que acaba de poner los Estados Unidos en Colombia. Para mí son guerras letales y objetivas, porque matan a millones cada día sin tirar un tiro. Sería saludable preguntarle al Congreso de los dueños de la Casa Blanca el nombre que dan al ataque sicológico que lleva sobre sí cada colombiano, cada latinoamericano, con ese belicismo ahí, en su suelo y a punto de estallar cuando les de la gana. Es demasiado para tanta “democracia”.

Hay que defender al Sur. Los cuatro puntos cardinales están llenos de lobos y demonios. La democracia no puede ser el paño de cocina de quien se antoje cambiarle el sustrato, para confundir a esa juventud que por ley de vida será la llave del mañana en cualquier parte. Hay hechos contundentes para estar hartos de gorilas. Cuando miro al norte, más quiero a mi perro. Siempre que pueda haré alguna cosa por salvar al Sur. En esas entrañas del cono americano estamos todos. No se engañen.