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El coloso del norte: Antonio Guiteras

 

 

Por Graciela Guerrero Garay   

 

No  crecí con nada cercano que se pareciera a un plantón de caña.  Tampoco en mi casa las palabras centrales, azúcar, molienda y cortes formaban parte de las tertulias cotidianas.  La enfermería y la medicina eran los términos referenciales para los “cuatro retoños” que llenábamos las paredes de fantasía e imposibles mapas de países más imposibles aún.

 

De hecho, dos de mis hermanos son médicos. Mi padre fue enfermero del llamado Centro Médico, nombre que siempre le escuché decir y que estaba ubicado, por la década del 50, en la calle Vicente García, buscando la salida hacia la provincia de Camaguey. Sin embargo, tristes historias del “tiempo muerto”, “tres plantones por un kilo” y la miseria rodando por el suelo y el cañaveral escuché de mis tíos, vecinos y amigos de la familia.

 

Los recuerdos me golpean la mente ante una bonita foto que encuentro en la página digital de mi Periódico 26, donde dí mis primeros pasos desde que estudiaba la carrera y del que me vanaglorio de ser testigo de su constante avance tecnológico y profesional con los mismitos de siempre, pues es un colectivo muy estable y laborioso.

 

El caso es que esta foto que grafica un reportaje del colega Pastor Batista sobre el gigante del azúcar en Cuba, el central Antonio Guiteras, me lleva a dar por cierto una vez más que un mundo mejor es posible y que nada está perdido cuando el hombre pone el corazón a sus metas y su desempeño.

 

Pastor cuenta el entusiasmo que allí reina ahora, en medio de una reparación necesaria y previsora. Desde que abrió la boca a la dulce caña en 1912 hace zafras con más o menos toneladas, pero marcado y distinguido por ser el hacedor de records en molidas, eficiencia y aportes en la fabricación de azúcar en la provincia y el país en muchas de las contiendas. Un verdadero gigante, como le llamamos todos.

 

Y se trata de eso, de la pertenencia que uno va creando con las cosas que le rodean o definen el bienestar común, de su nación, de su localidad. Quizás sea esta la razón del por qué la gente se resiste a ciertos cambios imprescindibles y cirscuntanciales que impone la vida, en su ir y venir de revanchas y reveses. Pienso ahora mismo en los habitantes del municipio Manatí, cuando dejaron de sentir el pitazo de su central y añoraban que les cayera nuevamente en el rostro el tisne del bagacillo.

 

Esto es magia en el desarrollo azucarero en Las Tunas, donde apuntes del historiador de la ciudad, licenciado Victor Marrero, nos revelan que en Chaparra, en el municipio de Puerto Padre, se levantó el primer ingenio que tuvo la provincia con su también primera molienda en los meses iniciales de 1902. Su patrocinador fue The Chaparra Sugar Company, compañía estadounidense, al igual que la The Francisco Sugar Company, que este mismo año, a finales, terminó el central Francisco. Hoy, en ese orden, estas fábricas se llaman Jesús Menéndez y Amancio Rodríguez, nombres que llevan esas dos municipales tuneras.

 

Luego de 1910 Las Tunas comienza a florecer en su economía y, entre 1912 y 1913, le nacen el resto de los centrales Jobabo, Manatí y Elia (actual municipio Colombia) y con ellos la industria azucarera comienza a marcar la curva de la actividad fundamental de la región, cuyo garante primario fue el capital norteamericano, que por supuesto, tiró garras a los campesinos y le compró las tierras y los ató a vivir dependientes de una explotación que gradualmente los sumió en la miseria.

 

 

“La penetración en Las Tunas del capital Yanqui en la economía local, significó la expropiación a cientos de campesinos de sus propiedades o la realización de ventas forzosas que a la postre los convirtió en aparceros o arrendatarios de las tierras que les fueron arrebatadas por una u otra vía o simplemente en desocupados que engrosaron las masas de transhumantes en toda la provincia oriental y en el país. Para que se tenga una idea del proceso de concentración de la propiedad por los magnates de los ingenios azucareros, solo la Francisco Sugar Company adquirió en esa comarca la suma de mil 464 caballerías de tierra valoradas en 261 mil 900 pesos a razón de 178.89 pesos por caballería”, acota Marrero en su artículo Las Tunas: breves apuntes para su historia local.

 

Con el decursar de los años, la Revolución Cubana construyó su primer central en este territorio en el municipio Majibacoa y, paralelo a ello, urbanizó el batey con modernos edificios y toda la infraestructura social necesaria para que técnicos y especialistas del sector trabajaran a plenitud y fomentaran sus familias, en torno a la vida nueva que significó y significa la puesta en marcha de este otro coloso tunero.

 

No es rareza, pues, que el inmenso y mayor aportador de azúcar en el país, el gigante Antonio Guiteras, el antiguo Delicias, hoy renove su gran corazón moliente y se proponga tragar cuanta caña le lleven a sus tachos. Es una tradición de casi una centuria. Y lo importante, como cita mi colega, no son los hierros nuevos, sino ese hombre o mujer que en este Balcón Oriental de Cuba hacen azúcar y defienden con sus esfuerzos aquella semillita  primogénita que lo convirtió en un territorio de verdes cañaverales y altas chimenas humeantes en siete de sus ocho municipios.