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Una mirada de Andrés Mourenza la pone al desnudo

Pienso que la gente debe estar informada, al menos como profesional defiendo la tesis de que además tiene derecho a recibir buena información. Y para mí ese criterio es muy complejo y profundo, en la medida en que resulta abarcador y tiene que ser veraz.

El agua y sus conflictos se vuelve ya un asunto que va más allá del simple y objetivo fin de ser necesaria para conservar la vida, para convertirse en una bomba de tiempo en el futuro inmediato.

El artículo que reproduzco ahora da una visión bastante integradora de esta realidad y es valioso en la medida que uno se adentra en los legítimos códigos fisioterapéuticos que tiene el agua para la conservación de la salud humana y la prevención natural de muchas enfermedades que hoy aquejan al hombre.

En los próximos días publicaré una serie de trabajos compilados por otro investigador sobre la incidencia positiva y negativa que tiene para la sanidad corporal el ingerir un simple vaso de agua pura. Es menester, por tanto, tomar conciencia de lo que nos alerta la pluma de Andrés Mourenza. Espero coincidan conmigo.

(Graciela Guerrero Garay)

DIÁLOGO SOBRE EL NUEVO PETRÓLEO DEL SIGLO XXI

El agua será uno de los focos de conflicto más importantes

• Asia se verá más afectada debido al mayor crecimiento de la población

• La crisis política entre los países agrava la situación en Oriente Próximo

 Por: ANDRÉS MOURENZA (ESTAMBUL)

 

En el 2050 seremos 9.000 millones de personas en la Tierra, 2.200 millones más que ahora. Pero la cantidad de agua permanecerá igual. Es por eso que los expertos reunidos en el Foro Mundial del Agua, que acaba hoy en Estambul, advierten de que será uno de los focos de conflicto más importantes en los próximos años.
"Habrá una presión y competición creciente sobre los recursos hídricos", avisa Léna Salamé, coordinador de proyectos sobre Conflictos del Agua de la UNESCO. "Uno de los lugares en peores condiciones será Asia, ya que será dónde más crezca la población". Ese continente ya es uno de los que más problemas sufren de acceso al agua pues, a pesar de concentrar el 60% de los habitantes del planeta, solo usa el 35% del agua total.
El crecimiento demográfico, la contaminación y el cambio climático son algunas de las amenazas que se ciernen sobre el líquido elemento y son tan acuciantes que, según un informe del Banco Mundial, en el 2025, dos tercios de la población mundial no tendrán acceso a suficiente agua potable. "Esta es la razón por la que el agua es, cada vez más, vista como el petróleo del siglo XXI, con las serias consecuencias que ello acarrea", critica Miguel d'Escoto, presidente de la Asamblea General de la ONU en una carta al foro del agua. "Tenemos miedo de que, a medida que el agua escasee, se convierta en un motivo de guerras, y que haya más conflicto y menos cooperación", dice Shaddad Attili, jefe de la Autoridad Palestina del Agua.
¿El agua puede ser motivo de guerras? "No tiene por qué. De hecho, trabajamos para impedir que estos conflictos políticos del agua se conviertan en guerra", responde Salamé. Para ello, se han elaborado informes que indican cuáles son los territorios más propensos a sufrir problemas --el Mediterráneo, Oriente Próximo, el sur de Asia, el sur de EEUU, entre otros-- y han elaborado propuestas sobre uno de los potenciales focos de conflicto: las cuencas fluviales transfronterizas. Casi la mitad de la población mundial habita en territorios cercanos a las 260 cuencas hidrográficas compartidas por dos o más países, lo que produce litigios y fricciones entre los estados.
El problema se ceba en Oriente Próximo, donde a las difíciles condiciones climáticas y a la desigual distribución del agua, se añade la animosidad local. "Los conflictos entre Israel y Siria, entre Palestina e Israel, entre Jordania y Siria son por el agua. El agua es política en Oriente Próximo", afirma Attili. Siria, Jordania, el Líbano, Israel y la Palestina comparten la cuenca del río Jordán, pero no hay acuerdo sobre su uso. Israel consume el 90% del agua que debería compartir con los palestinos y supervisa el uso del otro 10%. "¡Hasta para instalar dos tuberías debemos pedir permiso a Israel!", se lamenta Attili y pide una iniciativa sobre el Jordán para "sacar el agua de la dinámica del conflicto". "El problema es que Israel no tiene relaciones con Siria y el Líbano", dice Salamé.
EL TRIÁNGULO
Más al norte, en el triángulo fluvial de Mesopotamia, se dirime otros conflictos fluviales. En el río Tigris, a su paso por Diyarbakir (Turquía), hay épocas del año en las que los pescadores pueden penetrar hasta casi la mitad del río solo remangando sus pantalones, pues su caudal se ha reducido. "Esto ya no es un nehir (el nombre que dan los turcos a los grandes ríos del mundo como el Nilo o el Amazonas), es un çay (arroyo)", se queja un vecino.
Buena parte de la culpa de la disminución del volumen de agua tiene que ver, según los ecologistas, con el Proyecto Sureste de Anatolia (GAP, en turco) que plantea la construcción de 22 presas en la cuenca turca de los ríos Éufrates y Tigris, de las que 8 ya funcionan. Estos diques han sido muy criticados por sus vecinos del sur: Irak y Siria. Los problemas con Siria alcanzaron un nivel preocupante a finales de los noventa, cuando Ankara amenazó con cerrar el grifo del Éufrates si Damasco continuaba dando asilo al grupo armado PKK. La cosa no pasó a mayores y los tres vecinos "caminan hacia un entendimiento", según el presidente turco, Abdulá Gül, tras reunirse con su homólogo iraquí, Yalal Talabani.
Para Salamé, la solución de todos estos problemas pasa por una mejor "gestión de la demanda", es decir cuestionarse el "porqué" del uso del agua e imponer una tarifa progresiva para el uso para el lujo.
Óscar Olivera, de la Coordinadora de Agua de Cochabamba (Bolivia), apunta otras causas: "Más que con el tema demográfico o con el cambio climático, la crisis del agua tiene que ver con el sistema de desarrollo impuesto por las instituciones financieras internacionales, basado en convertir todo en mercancía".