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Conquista irreversible de la Revolución

  • Los índices de mortalidad infantil corroboran cuánto se consolida, año tras año, el sistema sanitario cubano y la prioridad del Gobierno por la atención materno infantil. Está en 4,7 y su indicador es solo comparable con naciones del primer mundo. Nueve de las 14 provincias están por debajo de 5 por mil niños nacidos vivos.
  • Para quienes califican los años de Período Especial como una etapa de crisis, las estadísticas denuncian la grotesca propaganda que se cierne en torno al tema Cuba, sobre todo en la prensa mediática y la llamada Falsimedia
  • En el año neurálgico de esta etapa, 1993, en que el país se vio solo como proyecto socialista en el mundo, ante el derrumbe de la Unión Soviética y un férreo recrudecimiento del bloqueo económico, se logró la tasa más baja de la historia: 9,4. En 1960 era de 37,3, y en 1990, de 10,7, igual que en el 91.
  • Durante 1992, con toda la nación prácticamente en tiempo de guerra bajo condiciones de paz, por el impacto sufrido en la economía y la sociedad, la tasa de mortalidad bajo a 10,2, hasta descender a los números actuales, que la reafirman como potencia médica mundial
  • Las Tunas, una de las provincias históricamente marcadas por la secuela del neocolonialismo y donde la Revolución se estrenó con un subdesarrollo total, es hoy testimonio vivencial del éxito de la salud cubana, las bondades del sistema socialista y lo que realmente significa el concepto Salud para todos, gratuita y prioritaria para madres y niños, desde el mismo momento de la concepción.

Por Graciela Guerrero Garay

LAS TUNAS, CUBA (12 de enero) – Puedo contar mi propia experiencia. O la de mi nuera, una adolescente hemopática, que embarazó a los 13 años y cuya gestación era de máximo riesgo por su juventud y trastorno plaquetario, que pudo terminar sus estudios de secundaria básica hasta un mes antes de parir, justamente por el cuidado, seguimiento y calidad de los servicios ginecológicos recibidos, sin pagar un centavo y tenía consultas y análisis de sangre dos veces por semana, durante los nueve meses.

Eso solo sucede en Cuba, duela mucho a los enemigos confesos y a los miopes que solo ven las manchas. Así de sencillo, con todas las letras y las verdades que existen hoy en este mundo. Pero si fuera poco, para minimizar los peligros, la ingresaron 30 días antes del nacimiento de mi nieta y, cada mañana, en el laboratorio central del Hospital General Docente Ernesto Guevara, de esta  ciudad, se le preparó su compuesto de plaquetas, por si se presentaba el parto.

Diariamente, también, al no suceder el alumbramiento, se botaba, pues una de las condiciones del preparado es que tiene que estar fresco. No puede almacenarse ni congelarse. ¿Cuántos dólares se invirtieron en este proceso? Nunca lo sabremos. En Cuba la medicina es gratis y la vida del pueblo es lo principal. Si se trata de las gestantes y los futuros vástagos, no hay palabras con que calificar la ocupación – primero – y preocupación – después- antes, durante y luego de nacido el bebé.

Millones y millones de pesos cubanos o divisas en análisis, chequeos, pruebas de alta tecnología, rayos x, ultrasonidos, estudios genéticos, dietas alimentarias, medicamentos (gratis para las que no puedan asumirlos por causas diversas. Muy baratos para el resto que los compra en la farmacia). No cuenta si es estudiante, obrera, campesina, profesional o ama de casa. Es una mujer que trae una vida dentro, un compatriota. A veces, cuando leo tanto ataque irracional en los bloguees y en los diarios digitales que, obviamente, se ocupan más de Cuba que de sus propios problemas, tantos o más crudos que los nuestros, es inevitable sentir que la mentira es lo que más se paga en un planeta que, si bien cuestiona el socialismo, tampoco ha podido demostrar que el capitalismo es mejor. No es casual que hoy se desmantele ante los ojos abiertos de sus propios gestores.

Esta Isla, en cambio, logra hoy situarse a la cabeza del planeta en los índices de mortalidad infantil, con estadísticas propias del primer mundo en medio de su escasez material, los ciclones Ike y Paloma (que afectaron a muchos centros de la salud a lo largo y ancho de su geografía), un bloqueo económico y comercial cada vez más violento, amenazada constantemente por el más poderoso e inhumano de los gobiernos, Estados Unidos, y un mundo ganado por las políticas imperialistas y neoliberales. Aún con todo, cerró 2008 con la tasa más baja de su historia, 4,7 por mil nacidos vivos.

Hasta podemos decir con orgullo que rompió su récord del 2006, cuando bajó a 5,3, superado solo por Canadá en el área de las Américas y que la ubicaron entre los 30 países del orbe con menos probabilidad de muertes de sus niños al nacer, hasta el primer añito de vida.

No son datos fríos ni cantos de cuna. Son historias como la de mi nuera y miles de adolescentes más que asumen la maternidad aún muy jóvenes. De madres que, si bien los círculos infantiles no cubren las demandas, saben que tendrán un apoyo total de la familia, los sistemas de atención y prevención social, el programa materno infantil, las instituciones estatales, los vecinos, la sociedad.

En el casi ciento por ciento de los hogares son esperados, añorados, protegidos y cuidados con esmero. Es la misma proyección social, de adentro hacia afuera y viceversa. Basta decir que en el año neurálgico de esta etapa de “crisis”, 1993, en que el país se vio solo como proyecto socialista en el mundo, ante el derrumbe de la Unión Soviética y un férreo recrudecimiento del bloqueo económico, se logró la tasa más baja de la historia: 9,4. En 1960 era de 37,3, y en 1990, de 10,7, igual que en el 91.

Esta provincia de Las Tunas es otro ejemplo loable. Tiene, con 2,7 por mil nacidos vivos, la más baja tasa del país, lo que marca al año 2008 como el más relevante en el trabajo de este importante indicador, al tiempo que no deja margen a las sombras: en Cuba los niños nacen fuertes, saludables, se alimentan y cuidan bien porque la atención sanitaria, su sistema de vacunación, el seguimiento prenatal, la lactancia y la primera etapa de la infancia, hasta los cinco años, son sistemáticas, gratuitas, eficientes, competentes y, sobre todo, llevan el amor de padres, médicos, enfermeras y cuanto cubano tenga que ver con su calidad de vida.

Ese retozo de felicidad multiplicado que ilumina los ojos de mi nieta y de todos los pequeños que, como ella, nos cruzamos en las calles, vemos crecer en el barrio y forman parte de la extraordinaria riqueza nuestra, es lo que validará eternamente lo que es máxima en mi isla caribeña: “no hay nada más importante que la vida de un niño”.