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Por Graciela Guerrero Garay    Foto: Lloansy Díaz Guerrero

Es hermoso descubrir que la ciudad, donde uno nace, crece, sueña, apuesta, cultiva, se enamora, anda y le regala los maremotos de silencios y palabras, locos, promiscuos, satánicos y puramente puros, se transforma..

A veces, es difícil creerlo...otras, parece un milagro de un hada madrina... a muchos, le parece poco...a otros, le resulta lo que justamente es...un parto laborioso, imposible si se cuentan las verdades y las baldozas...

Lo cierto que Las Tunas, este calentito Balcón del Oriente de Cuba, ya no es la misma que antes..yo diría que ayer...su urbanización es innegable...su buen gusto arquitectónico, aplaudible..su progreso, constante...

Ya nadie puede tener la osadía de llamarla aldea, mucho menos Cenicienta...es una linda ciudad, con aires de una modernidad propia, culta e inteligente...

Este 2008 que se fue, en el que los ciclones pretendieron herirla..y la hirieron, fue un año de maravillas a pesar de todo...estrenó tantos espacios necesarios, esperados, exigidos que, sin levantar una copa de más, hay que tocar las campanas...

Por eso, por este oxígeno vital que la engrandece, hay que seguir de pie...rociándole los pétalos de un año nuevo de promesas y cumplidos..y si hasta aqui, con casi nada, ya es la reina de la obra mayor, la bailarina del arpa comprometida de su pueblo, de su gente sencilla y divertida, alegre y laboriosa, estos tiempos que ya llegan tendrán siempre motivos para el son...

Las Tunas de hoy es otra simplemente. Es amor, amor en revolución.