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Por Graciela Guerrero Garay    Foto: Pastor Batista

 

La realidad tiene parámetros de desastre. Como mismo hizo en Santa Cruz del Sur, en Camagüey, Paloma se ensañó con sus fuertes vientos en el poblado de Guayabal.

Prácticamente todas las casas están en el suelo. La infraestructura social y económica quedó destruida. Los más viejos pobladores cuentan que nunca habían visto otro igual.

El tercer huracán que toca tierras cubanas tampoco perdona. Ahora la recuperación, en algunos lugares, es como empezar de cero. Muchas personas tienen que seguir en los centros de evacuados, las casas de familiares y amigos. No se puede volver. No hay a donde ir.