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·        Las fotos de la Agencia de Información Nacional (AIN) dan muestras de lo que el huracán dejó a su paso por Camagüey

·        El poblado de Santa Cruz del Sur volvió a vivir un dramático episodio de desastre como 76 años atrás. La notable diferencia está en que ahora NO HUBO ni sola muerte. En aquel dramático día del 9 de noviembre murieron 3 mil personas.

·        La vida de los cubanos es la tarea UNO a proteger por la Defensa Civil de Cuba. Una vez más se demuestra que el pueblo cubano es el patrimonio esencial de la Isla y su Gobierno

Por Graciela Guerrero Garay

El poblado de Santa Cruz del Sur no es hoy una playa alegre. Casi todas sus viviendas están por el suelo. Igual las pertenencias de su gente. El huracán Paloma llegó para llevarse lo que podía.

La seguridad de la vida humana, la esperanza de volverse  a levantar, a construir, a vivir en paz y armonía, ni esta mal llamada Paloma ni nadie se la quitará a los santacruceños.

Tristes son los testimonios. Los de ahora mismo y los que recuerdan la otra horrible tragedia de hace 76 años, cuando otro ciclón le mató la geografía a esta parte sur de la provincia cubana de Camagüey.

La notable diferencia está en que Paloma no arrancó la vida a ningún camagüeyano.  Aquel dramático 9 de noviembre murieron 3 mil personas. Todas quedaron abandonadas a su propia suerte. Ahora le llegaron guaguas y las evacuaron a un lugar seguro.

Muchas, la mayoría, perdieron todo cuanto tenían. Pero están aquí, con testimonios que si bien llevan lágrimas propias de la trágica realidad que les impuso el azote de Paloma, no les falta la seguridad de que poco a poco el Estado les dará lo imprescindible.

Por eso, entre tanta nostalgia que nos envuelve a todos, despunta la confianza y la absoluta certeza de que mañana puede ser mejor. La prueba está en que ya se está decidiendo la idea de reconstruir el pueblo más lejos de la playa, donde el mar, que está vez entró kilómetro y medio, no pueda llegar.

Una demoledora temporada ciclónica la del 2008 para Cuba. Una proeza incuestionable para todos. Una lección de humanidad y amor. Nadie está solo y todos estamos llenos de vida. Pasaremos trabajo, bastante,  pero seguiremos andando. Es la osadía y la maravilla de ser cubanos.