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Por Graciela Guerrero Garay

De nuevo en octubre, con los recuerdos vivos del ayer y el presente. Tu figura legítima, impulsando y palpando el agitar del tiempo y la semilla que crece, contra viento y marea. No hay toques de muerte. Es la vida que se alza con sus retos y ese halo infinito de voluntad que dejaste en la Sierra, los caminos, las trincheras, tus compañeros, la historia, el pueblo.

Vuelve el mar, Camilo. Comandante sin tacha y sin miedo, como escribió el poeta y te sienten millones de niños, mujeres y hombres que multiplican tus huellas, a pesar de tanto y todo, y se pintan tu sonrisa exclusiva en las mañanas y los atardeceres, no para seguir la rutina de un mito ni el homenaje preconcebido de una fecha.

Te quieren, te siguen, te esperan allá donde la luz es la consumación de los humildes, la justicia de la acción  y la palabra, la redención de los principios y la esperanza.

Eres un talismán vivo, Señor de la Vanguardia. La perspectiva de un día mejor, la promesa de hacer, la unión irrevocable. Eres el sorbo de café que el campesino comparte tierra arriba, el sacrificio de los médicos que hoy pintan jirones de fe en los cerros de Bolívar y, van a tu usanza, donde un ser humano necesita de un amigo que le levante del polvo o el dolor.

O estos de acá, de todos los rincones, que riegan con sudor sus herramientas y apuestan a sobrevivir en paz, hacen parir la tierra seca o reconstruyen con la quinta esencia de todo lo posible. Tu tropa, Camilo. Crecida con manitas tiernas de pañoletas azules y rojas, con rostros de corazones jóvenes, con la continuidad de tu ejemplo.

Tu gente, Comandante. Y vuelve el mar, que es río, presa, poseta o cañada. Las flores lo visten de largo, se mezclan con el viento o la llovizna de este octubre peculiar. Y el sol coquetea, pleno o entre la tímida oscuridad de un nubarrón. No cuenta el tiempo. Ir a tu encuentro es la misión y el sentimiento. Y aquí vamos... como los Quijotes que inventaste en esas madrugadas de campaña... como los soldados que forjaste entre fuego y fuego de metralla... como los sueños inmortales... Vamos, Camilo Cienfuegos, vamos a tu orden, siempre.