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Cada vez que buscamos las imágenes que están por ahí, nos sobrecoge una verdad irrefutable: Los terrícolas tenemos que cuidar al planeta. Eso no es música de oido. Es una realidad.

La furia de la madre GEA, sus bruscas sacudidas, no son culpa nada más que nuestras: de quienes la habitamos y le llenamos las entrañas, le matamos el oxígeno. Cada día el deshielo de los polos habla de un gradual y peligroso calentamiento global.

Miremos el terror de la madre natura. Saquemos la lección que nos manda con sus afiladas rachas de viento, con sus incontenibles diluvios, con sus bocamadas de fuego.

Hermanos, Cuba resurge porque la voluntad de los hombres es también fuerte, porque se ama la vida y hay unidad y entereza, valentía, optimismo, valor en las ideas, confianza, cariño, solidaridad, hermandad. Porque ha sembrado amor en otras tierras y en sus hijos, estén donde estén, y hoy recoge los frutos con ese apoyo moral y material que llega allende al mar. Pero todo eso no nos salva de la llamada de atención de GEA.

Desgraciadamente, es también una triste verdad como este huracán Ike que ha desdibujado la fisonomía de Cuba. Vale tenerlo en cuenta.

Graciela Guerrero Garay