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Ya hay sol. Ese sol que tanto calor y fuerza imprime a esta Isla y que acá, en el oriente cubano, hace sacar a la calle cuanto atuendo sirva para aliviar sus fuertes rayos sobre la cabeza. Pero todavía en la memoria están las rachas enormes de viento, el sumbido mortal y destructor, la furia de las lluvias y esa rabia demoníaca que traía en sus entrañas Ike.

 Nada es igual. Se esta trabajando sin descanso. Aca en Las Tunas, mi ciudad de fuego, no hay un lugar donde no se esté recogiendo un escombro. Hay muchos árboles a lo largo de todas las calles. Fueron los más dañados por la furia de los vientos de Ike. Los tendidos eléctricos, gracias a esos trabajadores que llevan días sin dormir y lejos de sus casas, donde también hay necesidades como en todos los hagares tuneros, por el agua, la electricidad, los daños materiales, se levantan poco a poco y rescatan de las ruinas. La luz llega, paso a paso, a las barriadas, pero todavia, quedan muchos sin el vital servicio.

El agua llega, también poco a poco. Es innegable el esfuerzo y la voluntad. Todo el país está en pie de lucha, en la recuperación. Es un aliento de amor a lo nuestro lo que aflora entre las huellas del desastre. Es también el aliento y el apoyo que se recibe de amigos de muchos lugares. Gracias a todos.

Vamos caminando. Aunque las imagénes nos hagan nieblas en los ojos y cada minuto de hoy, de toda esta semana, nos diga que tenemos que ser ave fenix. Pero somos. Por eso amanecemos y parecemos hormigas por doquier.

Saldremos adelante. No tengo dudas. Los damnificados reciben todo el apoyo y la ayuda que se puede, en el menor tiempo. Y esta esperanza de apoyo estatal, revolucionario, hace que la realidad sea menos cruenta. Hay confianza y razones para ello, aunque son cientos de miles y todo no podrá lograrse en la medida que quisiera el alma y la gente necesita.