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Por Graciela Guerrero Garay      Fotos : De la Familia

Seis meses ya y elevo al cielo los ojos con el corazón de gozo. Dios está en todo. Está ahí. En esa sonrisa que me regala cada mañana cuando me acerco a la cuna, a penas lo siento despierto, a darle los buenos días y mi bendición. Eso lo aprendí de mi abuela materna y la ternura constante de mami. Ninguna de las dos está, pero viven en mí, soy la prolongación de ellas. Me gusta cuidar y criar a mis críos como ellas.

Dennis Junior de Jesús, mi bisnieto. El pequeñín que un 1ero de abril del 2021 llegó como lo que es, un ángel bueno a la familia, una luz divina en medio de un tiempo convulso en el mundo. Hay una pandemia sobre la tierra llamada Covid - 19, provocada por un virus altamente mutante y contagioso, mortal. Millones ya han muerto en todas las naciones. Dennis es vida. Es amor, es equilibrio, es bendición.

Su sonrisa es esa gloria que tenemos ahí, en las manos, y no vemos. Por suerte, nosotros sí. Es el eje de cada día, la alegría bebé. Ser bisabuelo es hermoso. Me siento virgen, nueva, contagiada. Mi nieta, otra flor de mi jardín, es la mamá de tacones altos. Sus 15 años son su fortaleza. Es una madre sin punto y coma. Creció con su barriga. Ama con la madurez e intensidad que, tal vez, ni yo pueda superar con mis 62 años y esa experiencia que se acumula con criar, criarla a ella y a su papá, mi parto iluminado, el único, lo más grande y verdadero, mis pulmones.

Mi cocó, como le digo, me sonríe siempre. Su carita es un sol sin prismáticos. Una luna llena. Es la vida. La esperanza. Bendecido seas mi niño. Bisa seguirá siempre llenando de semillas el suelo. No quiero que camines sobre piedras. Tú, mi amor, como todos tus pares, merecen un cascabel de oro, miel y paz. Y caminar feliz con esa inocencia de los ángeles y el poder supremo que nos regala Dios.

Gracias. Gracias. Gracias. Mi nuevo amor.