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Por Graciela Guerrero Garay        Fotos: Cortesía de la Familia

Las Tunas.- Me recuerda los versos de Martí. / ¡Vuelan, brillan, palpitan, relampaguean!/ Y en esas manitas que cada noche aplauden con picaresca intensidad  veo el precio de la vida. Lian Rafael Sánchez Mancebo le da un encanto especial al cotidiano aplauso de las nueve de la noche. A mi balcón llega su alegría desbordante, a pesar de que apenas escucho lo que grita en medio de la ovación que baña a la avenida Primero de Enero, en esta ciudad.

Sé que no hay que empujarlo en sus inteligentes y sabias iniciativas. El día de los primeros aplausos salió detrás de su mamá, la doctora en Estomatología Dafne Mancebo Rodríguez,  y se sumó por sí mismo. Luego su amigo Jonathan le siguió y así juntos, aportaron los lógicos “chillidos triunfales” de la noche primogénita. Desde entonces sale corriendo y entrega las palmadas “a los médicos que curan”.

Para Lian Rafael “el bicho ese es malo y no puede ir al círculo”, porque “¡hay que quedarse en casa!”. Y como si alguien lo hubiese mandado, me deja parada en la puerta y va al cuarto. Vuelve con el nasobuco y una de esas sonrisas cómplices que lo hacen popular en el salón de tercer año de vida del CI “Futuros Constructores”.

Las nueve de la noche salta más allá de La Habana y su tradicional “cañonazo”.  Los tres añitos de Lian Rafael saben que algo raro sucede “con el bicho malo ese”. El aplaude con todas las fuerzas que le dan sus tiernas manitas. Acompaña a sus abuelos Marisel y Rafael, a su mami, a la gente del barrio.

En su gesto va la esperanza y la vida. A veces, no hay luna ni las luces de la calle dejan ver las estrellas, pero siempre habrá aplausos. Infinitos aplausos. Cada personal de la salud lo merece más allá de la pandemia. Los desvelos infinitos, ahora, solo se multiplican.  Recuerdo a Martí… / ¡Vuelan, brillan, palpitan, relampaguean!/.