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Por Graciela Guerrero Garay       Fotos: De la Autora

Las Tunas.- Le nacieron flores nuevas, aunque entre la rutina y las prisas cotidianas alcance a penas para absorber su brisa o quemarse con los intensos rayos solares que la bañan. El forastero sí lo sabe. Y el que llega por primera vez, como vinieron al cacicazgo de Cueybá los hombres de Alonso Ojeda en su largo camino monte adentro, le incrusta bendición con los ojos, tal como los conquistadores lo hicieron al levantar aquí la primera ermita a la Virgen de la Caridad del Cobre. Es una suerte de amuleto bueno que tiene esta ciudad.

Otro aniversario le cae y no envejece. Al contrario. Sus sitios emblemáticos visten modernidad y arrancan versos de sus muchos poetas y trovadores, incluso de quienes peregrinan con el corazón en la garganta o la guitarra. Ahí está el parque Maceo, la Glorieta del “Vicente García”, la reconstruida Fuente de las Antillas, la Sala de Juegos de “La Cubana”, la ampliación del Parque Temático…

¡Tantos detalles la reviven cual ave fénix!, como “La Esquina”, por ejemplo, para robarle a la vida un café, sin importar la hora del reloj.  ¡223 años ya tiene mi ciudad! Y sus puertas siguen abiertas a la esperanza, a la complicidad de los amigos, a la perseverancia.

No importa cuán fieros sean los demonios que puedan asecharla. No será la única vez que  enfrente a los fantasmas. Sus hijos la quemaron para no hacerla esclava de la colonia ni los hombres hambrientos de poder y sedición. Después se quitó las raíces profundas del subdesarrollo. Poco a poco empinó los talones, y este septiembre del siglo XXI ya no es igual.

Creció. Las luces y cantos bendecidos salen por el Balcón, una eterna garantía  de sus puertas abiertas.