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Por Graciela Guerrero Garay           Fotos: Archivos de la autora

Las Tunas.- Despertó más temprano, mucho más. Todo el mundo anda de prisa este lunes 3 de septiembre. El barrio espantó las sábanas con un alboroto inusual y la mañana es una suerte de mezcla de sonidos diversos. Esa voz que resalta es de la vieja María. Increíble, ya este muchacho va para la escuela, dice desde la otra acera, mientras Laura lleva orgullosa de la mano a Javiercito, con su uniforme de camisa blanca y short rojo. ¡Viste!, ya tengo un hombrecito, responde eufórica la joven mamá. El chiquillo comienza preescolar.

Por allá, en la curva, la espigada Karla espera al “piquete” de la secundaria. Bien cerca, se escucha un “chie” repentino: “Vayaaa, para la Facultad. ¡Qué bien te queda la bata blanca esa! En las cuatro esquinas, las paradas de ómnibus y las calles de atrás la movida es igual de intensa. Es el primer día de clases del curso escolar 2018 – 2019. ¡Llegó la felicidad!

En Las Tunas siempre es un acontecimiento de primera plana. En el resto de Cuba también, pero quizás esta alegría vitalicia tenga que ver con los recuerdos y el fatalismo de ser, en la seudorepública, una de las zonas con mayor índice de analfabetismo y muy pocos colegios que contar. El bachillerato comenzó en 1971 y las universidades adquieren rostros propios después de los 80 y los finales del pasado siglo.

Hoy unas 636 escuelas y tres casas de altos estudios abren sus puertas en esta gran fiesta de la educación. El sol juega con el color de las mochilas, los bonitos peinados de las niñas, la sobriedad caballerosa de los niños y los jovencitos… en fin, es un lunes de felicidad desbordada para los más de 83 mil 900 estudiantes que desde esta mañana son los protagonistas de tanto bullicio, entre padres que no esconden el sano orgullo de acompañarlos en sus retos al futuro.

Da gusto ver tantos uniformes por doquier, como un arcoíris que besa la tierra y la enamora. Desde ayer domingo algo se filtraba. El barrio durmió temprano. El inicio del curso escolar es esto, el extraordinario regalo de septiembre y la Revolución. Como dice la vieja María, casi a voz en cuello… ¡qué bonito se ven todos! Coño hasta yo me voy a vestir para ir  la escuela. ¡Esos son mis hijos! Le di la razón en silencio. Somos uno, Cuba.