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Por Graciela Guerrero Garay        Fotos: Reynaldo López Peña

Las Tunas.- Vuelven las estrellas a El Cornito. El viento trae el sonido del tres, la guitarra y el verso octosílabo. Los sombreros  no protegen el sol, son símbolo del eterno yarey y la fuerte cubanía. El cumpleaños 189 de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo invita, en esta 51 Jornada Cucalambeana, al guateque. La fiesta suprema del campesinado de Cuba e Iberoamérica enamora a los tuneros y a sus huéspedes.

Los finales de junio siempre son relevantes por estas tierras donde Rufina, su amorosa compañera, renace en el bailar de los bambúes que distinguen las praderas, donde el poeta bucólico más connotado del siglo XIX vivió hasta los 29 años. En este ingenio familiar tejió la identidad cultural de la isla e inmortalizó la décima.

Desde 1968 se reúnen aquí los amantes del género y la tradición, en un evento que puede calificarse  como clásico dentro de la cultura cubana y, en el cual, Las Tunas viste de gala el recinto con un amplio programa de actividades propias de los colores y expresiones que el bardo, El Cucalambé, supo atrapar en sus versos, para muchos construidos más para ser cantados que escritos. Y se canta, baila y edulcora en el eterno parpadear del campo que inspiró al poeta.

No queda entre en las ruinas del ingenio de los Nápoles Fajardo este jolgorio popular autónomo, cubanísimo, y defensor a ultranza de los valores de la espinela y el criollismo literario nacional y local. La ciudad también es conquistada por los cultores, quienes comparten sus sentires y modos de hacer y decir en diversas instalaciones. Esta 51 edición regala su homenaje al 40 aniversario del Sistema Nacional de Casas de Cultura y al punto cubano, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Convergencia, como la lírica enaltecida en “Rumores del Hórmigo”, el poemario que le atrajo admiradores de todo tipo. Natural, rupestre, amoroso… en “Hatuey y Guarina” con aquello de “oye el rumor de los vientos/ en los atejes erguidos/ oye muy fuertes crujidos/ de los cedros corpulentos: /oye los tristes acentos del guabairo en el corojo/ y mientras su acervo enojo/ reprime con gran valor, / siente a sus pies el rumor/ de las aguas del Cayojo.”

Magia, que paisanos y visitantes disfrutan con la avidez de un guateque diseñado para atrapar, desde nuestras tradiciones, la poesía campesina, el folclor y la riqueza intrínseca en la oralidad y la escritura de la décima, un sentimiento vivo de generación en generación y que por suerte, unas veces con más iluminadas que otras, las Jornadas Cucalambeanas mantienen.

Vuelven las estrellas a El Cornito. Esta ciudad es un ajiaco de Flores de Virama, punto guajiro, laúd, tres, controversias, catauros, repentismo, tonadas y retadoras improvisaciones, entre otras muchas cosas que atizan el espíritu y alegran el bambú, en el retozo interminable de su “A Rufina. Invitación segunda”:

…”Y en fin, cuando nos cansemos/ de tanto correr ufanos/ cantando versos cubanos/ a mi estancia volveremos. / Allí mil cosas haremos/ que quedarán inter-nos/ y descansando los dos/ sobre rústicos asientos, / bendeciremos contentos/ a nuestra Patria y a Dios.”

Sea bienvenida siempre esta fiesta de guayaberas, entre bambúes, sombreros y décimas.