20180617160941-diadelospadres.jpg

Muchas Felicidades a todos los padres tuneros, cubanos, del mundo...y a mi padre que está en el cielo pero siempre se quedó conmigo.

Por Graciela Guerrero Garay         Foto: De la Autora

Palabra mágica, la primera casi siempre. Un despertador de ternura que levanta el sano celo de mamá, pero no dejó dudas. ¡Bebé ha dicho papá! ¿Papá?, sí, papá, como si entendiera a priori que tampoco tiene sustituto y será el mástil de cualquier tiempo.

Puede que sea la fuerza de la sangre o esa sensación de fortaleza que trasmiten sus rudas manos, ahora salvadas por la alegría de la creación y la fortuna de engendrar. Como dice el abuelo, el padre mayor, “hay apellido y herencia para rato”.

O tal vez suceda por la bendita manía de no estar perennemente en los trajines de pañales cambiados y, al llegar a casa, aprovecha el instante y la voz se torna imprescindible. Todo puede ser, porque en estos amores no hay códigos cifrados.

Atan el infinito, identifican en la inocencia, no aceptan equívocos, saltan la distancia… es gozo pleno. Un poder irrevocable: padre e hijo, al margen del sexo y las conjeturas, heridas o reprimendas. Complicidad eterna, más allá de la muerte.

Encuentros. Apretones de manos, confianza. Risas. Besos. Consejo oportuno. Conversación saludable. Alianza perpetua. Recuerdos. Estirpe. La edad no limita el sentimiento. Es el día de papá, como la primera vez y aquel encantado balbuceo.    

No alcanzará este Tercer Domingo de Junio para compensar sus constantes enseñanzas, en ese espiral de asombro que es la vida, en la cual siempre estas como árbol robusto y florecido. No importan mapas o inevitables ausencias. Tu semilla está ahí, en la génesis… única, especial e indivisible.

Entonces, Padre, enhorabuena, venga el abrazo agradecido. Piel contra piel, como al principio. Como la primera palabra, llena de gracia y sentimiento. Enhorabuena, papá: ¡Felicidades!