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Por Graciela Guerrero Garay        Foto: Tiempo 21   

No hay que tocar puertas ajenas ni salir, grabadora en mano, a buscar criterios de los consumidores sobre la calidad del pan porque, sin violar la regla de la imparcialidad que debe primar en un trabajo periodístico, cada día somos testigos de los vaivenes que muestra la elaboración de un alimento imprescindible en la dieta básica, sobre todo de niños y adultos mayores.

Por años,  las actas de las reuniones de Rendición de Cuentas del Delegado a sus electores dan fe de no ser un fenómeno ni nuevo ni esporádico. Tampoco se hace creíble el argumento de la mala calidad de la harina, de no ser que se acepte – por demostración diaria – que la destinada al consumo del pueblo es “la peor de todas”, pues en las restantes unidades que ofertan este producto, tanto en moneda nacional como convertible, es  otro pan: fresco, sin moho blanco ni acidez, más duradero y de textura suave y bien horneado.

Aunque la cadena del pan no es la responsable de las panaderías adjuntas a las bodegas, los clientes no asimilan tal diferencia y, al decir del octogenario Ramiro Luacez, se cumple el refrán de que “lo barato cuesta caro, pues las más de las veces, si viene tarde, van directo al salcocho”. En las opiniones emitidas a través del programa Latir del Pueblo, siempre que se analizan los servicios básicos a la población, son recurrentes las quejas en esta ciudad y los municipios.

La edición del 3 de febrero, por ejemplo, reconocía que este asunto es uno de los que genera más insatisfacciones entre los oyentes, por el notable contraste en su elaboración entre una panadería y otra, incluso el que se vende liberado en mostrador. Para el tecnólogo de la Empresa provincial de la Industria Alimentaria Ubelis Hidalgo Gómez – entrevistado por el espacio radial -  no se vislumbra a corto plazo una solución.

Sus razones giran en la baja calidad de la harina que llega a la provincia, a pesar de las reclamaciones realizadas a instancias nacionales sobre el particular. Sin embargo, María del Carmen Concepción, Ministra del sector, en una visita a Las Tunas – señala la reportera Yaiselín Palmas -, aseguró que este vitalicio problema tiene mucho que ver con las indisciplinas de los panaderos y no con la materia prima.

Por ahí andan los derroteros del pan de cada día, a pesar de que según directivos del sector se aplicaron 121 medidas disciplinarias en el último trimestre del 2017, se cambió el horario de permanencia de los administradores en sus unidades, fortalecieron los sistemas de control y trabajan con el capital humano, así como en girar el reloj, para que las sanciones detengan la tendencia de sancionar a los trabajadores y no a quienes tienen responsabilidad en que el alimento cumpla las normas de gramaje, sabor y texturas correctos.

Lo cierto es que cuando febrero corre hacia sus finales, el panorama se mantiene en mayor o menor grado en estos mostradores donde, desde las primeras horas del amanecer, los tuneros van a comprar lo que por derecho deben recibir con satisfacción, para que el breve y rápido desayuno no sea un ritual de muecas.

En las palabras de Yusel Barea está la certeza de que todavía no se acaba de moldear el pan ni esta interminable historia, a la cual el pueblo quiere ponerle punto y final para siempre.