20180125155236-rambo-cocker.jpg

 

 

Por Graciela Guerrero Garay     Fotos: De la Autora

Nilvia Báez sonríe, está acostumbrada a que sus pacientes “afectivos” la huelan o le gruñan. Nacida incuestionablemente para Médico Veterinario, les trata con cariño y les sobrelleva cualquier mal comportamiento. Sabe que no es solo curar a la mascota, porque detrás del animal enfermo está la tranquilidad de la familia y, casi siempre, de un niño o niña.

En su modesto espacio, ubicado detrás del popular restaurante Casa del Ave, en el reparto Santos de esta ciudad, la “lista de espera” es una suerte de vía crucis para ella, los dolientes y sus dueños, visiblemente ansiosos porque sus manos y talento hagan de magos y le devuelvan al instante la alegría a Susy,  Lía, Minina y cualquier especie animal que los tuneros decidieron asumir como mascota.

En Cuba, dada a los afectos y la solidaridad, es común encontrar en los hogares algún compañero “diferente” para compartir la vida como un ser querido más. En Las Tunas, por ejemplo, desde las últimas décadas del pasado siglo se nota el incremento de perros de razas, lo contrario que sucedía entre los 60 y principios de los 80, aunque no existen estadísticas oficiales al respecto.

La presencia de los llamados “satos o criollos” y algún que otro cachorro alemán marcó la tendencia durante esos años. Sin embargo, hoy la diversidad de ejemplares es preponderante entre caninos y aves, galápagos, roedores y hasta cocodrilos y peces, lo que exige de los veterinarios tuneros una superación constante para asumir la atención y alta demanda de sus pacientes afectivos.

Sin embargo, muchas dificultades deben superar a diario para cumplir con calidad  sus funciones porque la carencia de medicamentos, por un lado, y las condiciones constructivas y la falta de instrumentales idóneos los golpea por otro, además de que la única clínica destinada a estos fines está ubicada en el reparto La Loma, al suroeste de la ciudad y distante de las mayores concentraciones poblacionales de esta capital, lo que dificulta el acceso para la mayoría.

Ante los reclamos de los propietarios y el incremento de animales afectivos se buscan alternativas como el angosto espacio de la doctora Nilvia o el consultorio en el “Aurora”, donde trabaja Pastor Felipe, pero con todo abundan los criterios de que se da poca o nula prioridad al servicio veterinario con fines domésticos a nivel institucional, predomina la desinformación  en cuestiones elementales y de interés público y no existe una tienda, como en otras provincias, destinada a adquirir medicamentos o enseres que ayuden a una calidad de vida y sanidad mayor de las mascotas.

Por eso las opiniones destacan las anónimas proezas cotidianas de los doctores que se encargan, entre grandes limitaciones de todo, a devolverle la alegría al hogar y a cientos de animales afectivos que, sin hipérboles, son habitantes por derecho de la sociedad tunera y, en muchos casos,  la única compañía de ancianos solos y la sonrisa de niños con determinadas características especiales.

Conscientes de ello están Nilvia, Pastor Felipe, Yanel y otros que, sin dedicarse a esta rama en particular, acuden gentiles a cualquier reclamo. En los sondeos aleatorios realizados, varios entrevistados destacaron el agradecimiento a sus esfuerzos e, incluso, recordaron al doctor Melchor, al que tampoco olvidan aunque ya no esté en la provincia.

OTRA CARA DE ESTA HISTORIA

Rambo juega y olfatea a nuestro alrededor  como todo un sabueso. Es un Cocker Spaniel negro de un año y medio y el mejor amigo – sino hermano-hijo- del joven Juan Carlos Mujica Rodríguez. Por suerte, no se ha enfermado nunca y él no quiere acordarse de las vicisitudes que pasó con su anterior mascota Isis, una husky siberiana que trajo de La Habana con pedigrí y hasta medallas cuando se mudó a Las Tunas.

Reconoce que en la provincia debería existir una clínica veterinaria con todos los recursos y donde puedan trabajar juntos los doctores encargados de estos menesteres, porque es algo necesario y vital por la cantidad de animales afectivos y razas puras que existen aquí, amén de que existen pequeños locales en el Diamante, la Caldosa y Aguilera con técnicos que se encargan de suplir esos limitados servicios.

Su bella mascota parece no importarle el tema y prefiere morder los pulóveres, las medias y esconderlos después. Mientras los dejo, me encuentro con la especialista en MGI María de los Ángeles Gutiérrez, quien tiene una pareja de tortugas Morrocoy, mascotas también muy bien adaptadas al entorno tunero como salchichas, chihuahuas, pequinés, Chau Chau, curieles, periquitos Agapornis y ratoncitos Hámster,  entre otras muchas especies legítimas e importadas por diferentes vías y presentes por todo el territorio.

“Pienso que la Medicina Veterinaria, sobre todo la enmarcada en darle tratamiento y garantizar los ciclos vacunales y las urgencias de los animales domésticos, debe potenciarse en la provincia, no solo en esta ciudad, porque es cierto que cada día crecen las mascotas, a veces imprescindibles en la salud mental de las personas por su influencia emocional y afectiva, y la gente se siente desorientada y pasa trabajo para atenderlos por diversas causas”, dice la doctora Gutiérrez. 

Otros testigos presenciales pidieron, como la totalidad de los entrevistados por 26 Digital, la apertura de una tienda con alimentos, medicinas, collares, medios de aseo y otros objetos utilitarios de alta demanda y que, como enfatizó Carlos Meriño, “ los compramos por ahí, pagamos bien caros por ellos y son ingresos que pierde la economía local”.

Vuelvo a recordar la ternura de Nilvia en atender a sus pacientes, los cuales junto a los dueños esperan su turno bajo el sol porque el local apenas alcanza para mi inquieta Baby. Recuerdo las tantas veces que atormenté a Pastor Felipe, Melchor y Yanel - hasta por teléfono - para que me orientaran cómo hacer y darle los primeros auxilios, en tanto buscaba algún transporte para llevarla tan lejos y estando bien malita.

Mi pasión es colectiva. Justo allí, ante varios dolientes y la carita triste de la gata siamés de una señora que no escondía su ansiedad, me prometí redactar estas líneas. Nuestros excelentes y éticos médicos merecen una mirada más cercana de quienes deciden los caminos de la Medicina Veterinaria en Las Tunas. También a los inseparables y fieles compañeros de la casa se les debe una mejor valoración y garantía de protección social, pues forman parte de nuestra cultura ambientalista y humana.

Al conversar con el doctor Yanel Nápoles nos ratificaba que la clínica sigue todavía sin reparación alguna, aunque le comunicaron que los recursos “andaban por ahí”. El especialista comparte el criterio de los entrevistados y la necesidad de que algún transporte público circule por allí, porque no siempre pueden alquilar un coche o un bicitaxi, como dijeron a esta reportera y también comentan en la sala de espera del lugar.

Al respecto, Mercedes Lardué, quien tiene un Dálmata enorme e inquieto, me puntualizaba: “Bueno, una guagua Diana para esa zona no creo solucione el problema a la mayoría. Imagino la demanda que tendría. ¿Cómo monto ahí a Butler, si seguro que pasa siempre llena? Creo que mejor sería destinar una ruta específica de los Coco taxi, con precios asequibles a los jubilados, pues desde que murió mi esposo es mi única compañía”.

Entonces recuerdo una frase de Mahatma Gandhi que trajo a la luz el colega Juan Morales al escribir sobre el asunto, motivado por lo que encontró en la clínica durante  una visita de socorro a la mascota de un amigo: “La grandeza de una nación y su progreso moral puede ser juzgado por la forma en que sus animales son tratados”.

Vale, pues, detener la mirada crítica y solidaria sobre la atención a los animales afectivos en Las Tunas. Muchas “caritas” diversas lo piden y si lo duda lléguese a uno de esos locales. Finalmente me dará la razón y será un aliado más de estas divinas mascotas.