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Por Graciela Guerrero Garay        Fotos: De la Autora

Hoy parece que todos llevamos un nudo en la garganta y anudado un pañuelo de esperanzas en los ojos. Es el último día del año 2017… ¡tan inalcanzable al parecer para quienes nacimos en el siglo XX y sacamos los primeros molares cuando, por ejemplo, el internet podría ser un extraterrestre al abrir la puerta del cuarto!

Gracias a esa palabra mágica que es la inteligencia humana y el uso de la tecnología pues, ahora mismo, pongo el corazón en el teclado, miro la imagen de Dios y los santos y las vírgenes que amo, siento la frialdad del aire que respiro, busco el trozo de cielo que me deja ver el balcón, y le pido a ese infinito universo que TODOS, amigos y enemigos, tengan este 31 de diciembre un regalo especial: salud, paz, amor y prosperidad.

Igual pienso en quienes se nos fueron y se quedaron más vivos que nunca en el alma, en los enfermos, en los que piden pan; en quienes huyen de las bombas, en los animalitos indefensos, en los perros sin dueños, en los que llenaron sus caminos de oscuridad cuando pudieron ir hacia la luz… en fin, siento que la tierra y mis hermanos merecen un nuevo año mejor porque bien corta que es la vida.

Y como cuando el sentimiento es eso, justo eso, las palabras pueden ser lo que muchas veces suelen ser…sonidos articulados, incoloros. Así que no escribo más. No hace falta. Solo este modesto consejo de una amiga que les agradece el más de millón de visitas que hicieron a mi blog este año, por estar en mi dolor y mi alegría, por compartir mis sueños, escucharme, empujarme, levantarme, abrazarme, recordarme…   

Los quiero, no distancia es mentira, el olvido también. Vamos juntos por un mejor 2018, seamos más lindos… y lindo es un baúl de perlas legítimas que nada les quita valor aunque las tiren al fondo del océano. FELIZZZZZ AÑO HERMANOS, estén donde estén. Venga la buena ventura, caramba.