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Por Graciela Guerrero Garay      Fotos: De la Autora

Enamora entre las columnas y los reflejos de los adoquines modernos, que relucen más blancos por los rayos del sol y la armonía que le deja el pasado incrustado en las luces actuales y la luna de sus noches. Anda de cumpleaños, despeinada por un leve soplo de viento, tal vez húmeda por algún chaparrón de imprevisto o ardiente como el verano. Con todo, tiene 221 años aunque los disimule por su distinguida  elegancia y la vitalidad de sus hijos, los tuneros que le aman desde y para siempre.

No es otra la noticia, amén de que no se grite por los altavoces. La ciudad que el Mayor General Vicente García, el León de Santa Rita, prefirió quemar antes de verla esclava del coloniaje español incrusta un nuevo aniversario a su historia de vida, llena de leyenda, poesía, personajes ilustres, patriotas invencibles, obreros laboriosos, jóvenes alegres, gente sencilla, campesinos de cepa, mujeres de palabra, niños inteligentes… un pueblo enorme, agradecido y emprendedor.

Las Tunas… fuerte terruño de manos solidarias y puertas abiertas, de columnas que mezclan lo divino de la arquitectura romántica, el art decó y el eclecticismo con luminarias de los tiempos actuales y estilos surrealistas que denuncian su cubanía propia, estrena hoy 30 de septiembre otra canción de fe.

Puede ser el vuelo de las palomas de la Plaza, la semilla de las palmas, el trotar de sus coches, la balada o el reggaetón de  un bixitaxi, el llanto de un bebé, la seguridad de los abuelos, un cuaderno de notas, el pregón de “maní”, un hombre con sombrero, los bancos de sus parques, la mujer con sombrilla, el tatuaje del chico de la esquina. Todo, lo que le llena de aire sus pulmones y le despierta feliz, con el cantío de los gallos o el panadero de la madrugada.

La vida, sin aves de mal agüero ni miedo al porvenir, entre el agua y a sequía, el sudor y el polvo. Una ciudad de dos siglos y más que va de fiesta, aunque los tambores respeten el silencio y las prioridades del llamado al combate, como este de ahora de repintar lo que Irma, el huracán furioso, se llevó.

Las Tunas, la Cueybá, su nombre aborigen, tiene 221 años. ¡Vaya suerte de saberla nuestra!, las opuntias por doquier cuentan la historia. Y su gente, culta y entregada, le regala el deseo de saltar más lejos. Justo ahí se cobija el oro de las almas y este despertar que resplandece entre los soles y las lunas que la bañan. No es otra la noticia, el Balcón más auténtico de Oriente anda de cumpleaños.