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Por Graciela Guerrero Garay    Fotos: De la Autora

Bastó una voz y todos estaban allí para romper el mito de que los grandes números dan prueba de grandeza. Son pocos, apenas llegan a unas 30 personas. Sin embargo, en la profundidad del sentimiento y la convergencia de intereses está la fortaleza de los cederistas  del Comité de Defensa de la Revolución (CDR) número 10, de la Circunscripción 10, de la Zona 237, de este municipio capital. El 13 y 23 de agosto, como el 26 de julio, son fechas que superan las convocatorias formales.

Unieron más que las ideas, en medio de una tarde donde el sol se aferró al día y cualquiera apostaba porque no iba a darle paso a la noche. Cebollas, ajíes, ajos, calabaza, plátanos, carne de cerdo y pollo, con boniato y costillas de res llenaron el caldero y “venían” de los apartamentos. O mejor, de esta gente sencilla y decidida a celebrar sus conquistas eternas y cotidianas. La tradicional caldosa tunera empezó a darle olor y calor al homenaje.

Enrique Matamoros Pérez, el presidente, asegura que “es la mejor manera de demostrar que estamos con los mismos bríos de siempre. Estos meses están cargados de historia para nosotros y aprovechamos para compartir las glorias de la Revolución y también veranear en familia, porque el barrio es la verdadera familia social”.

Eugenio mueve la caldosa y Julia monta la sencilla mesa cubana, en tanto María de los Ángeles  reparte  los papelitos de la rifa que es la sorpresa de la fiesta. Un encuentro sencillo, donde no falta el entusiasmo por cumplir las metas de las dos organizaciones de masas que marcaron las fortalezas de un proceso irreversible de justicia y oportunidades para los cubanos.

Testimonios vivos de cómo cambiaron sus vidas después de la alborada de enero de 1959. Estudiaron, trabajan, los hijos no supieron jamás de las oscuridades del monte ni de los cortes de caña por un bono par comprar comida en la tienda del colono… las anécdotas y los agradecimientos se abrazan. El sol vomita fuego, pero ellos hacen su fiesta agradecidos.

Otra vez el grano de maíz y la mostaza. CDR y FMC juntos, un 26 de Julio que es presente continúo y la alegría de estar y ser se multiplican. Son pocos… ¿y quién se atreve a dudar que hacen millones de millones por doquier? Esta vez la grandeza no estuvo en los números. Es el barrio y esta gente con sus vidas y la historia en la brevedad del milagro de sentir en julio como en agosto. Los aplausos suenan y la música los baña.