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Por Graciela Guerrero Garay

Es diferente, aunque no se transformen las esencias. Los besos y abrazos volarán hacia los cielos, allá donde se guardan los recuerdos eternos y el amor infinito porque tiene cuanto dimos y sentimos para siempre, y se salva de las heridas y los desmanes humanos. Este 13 de agosto es todo… una lágrima, una vela, un ramo de flores blancas, rojas… Es la cosecha que se recoge de las huellas con que hicimos el camino y Fidel Castro Ruz es Fidel, el Comandante. Aquí y en cualquier sitio. En el dolor jamás existe olvido.

Su imagen volverá con la sonrisa de los momentos triunfales. Estará de cumpleaños en cada obra que hoy permite que los niños tengan salud y educación, seguridad en las calles, alegría en los barrios y protección social. O en los ancianos e impedidos físicos que viven en centros asistenciales con lo elemental para que la vida sea menos cruda y desvalida. O en quienes luchan por un mundo mejor, aunque parezca imposible y el odio trate de doblegar la paz.

La presencia física no es exactamente estar aquí. Es la idea que convirtió vocación y torre donde hizo falta. Es la reflexión y la enseñanza, el ejemplo y el honor. Es la omnipresencia del ser multiplicado o solitario, bajo la más íntima complicidad del pensamiento. Nunca el decimotercer día del octavo mes podrá ignorarse. No solo las efemérides lo traerán de vuelta. Cabalgará como el jinete del tiempo, en una frase, un himno, una consigna…

Como siempre, borraremos la tristeza y  reviviremos cada puño de victoria, el hito de alegría. Es diferente pero, por suerte, está. No importa que alguien crea que no existan razones para convocar los sueños y compartir señales de fiesta. Todo está en todo y la canción nunca se borrará del corazón. Fidel es Fidel.

El pueblo es memoria interminable. En cada rezo y evocación está el milagro de la vida y el Comandante nacerá eternamente este 13 de agosto, nadie dude. Es diferente ahora, pero de cualquier forma, hasta mirando el sol, regresará en el leve suspiro de la gente. ¡Está de cumpleaños el Comandante!... y la voz correrá sobre montañas interrumpidamente… burlará las pezuñas de la ausencia y traerá de vuelta al nacedor invicto, al verde olivo, al eterno barbudo de la Sierra… y el mito tendrá voz en todas partes… no hay muerte. ¡Fidel!, ¡Fidel!… ¡Felicidades, Fidel! La memoria es para siempre.