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Por Graciela Guerrero Garay       Fotos: De la Autora

La historia no cabe en dos cuartillas. Tampoco podrán ignorarlo aunque quemen su partida de nacimiento o algún fenómeno extraño borre la memoria del siglo XX. Habrá huellas sobre esos 4 mil 500 kilómetros que recorrió por las regiones más pobres de Argentina y le abrió los ojos ante la desigualdad de América. En la Sierra Maestra estarán los ruidos de los pasos y los poemas inmortalizarán el elixir de su esencia. Che Guevara es Che Guevara.

Julio es la carga de coraje que empujó a desafiar el asma a Teté, como le puso de sobrenombre Carmen Arias, la gallega que le cuidaría hasta la segunda infancia. Para los padres, era simplemente Ernestito. Quizás nunca imaginaron que el amado hijo se convertiría en Dios y senda para millones de personas en el mundo. El primogénito de los amores de Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna fue el máximo mito revolucionario de la pasada centuria. Todos los caminos de entonces quisieron traerlo a Cuba, después de viajar por la Patria Grande.

En Guatemala conoció a un grupo de exiliados cubanos que participaron en el ataque al Cuartel Moncada  y hace una sólida amistad con Antonio Ñico López, quien le pone el apodo de “Che” por las veces que usaba esta palabra, típica del dialecto rioplatense. Para esta fecha, sus ideas tenían un compromiso político profundo y mostraban una clara simpatía por el comunismo. En 1954 México es su próxima parada, a donde lleva la experiencia acumulada durante los sucesos guatemaltecos.

Ingresa en 1955 al Movimiento 26 de Julio, pues en junio de ese año conoció a Raúl, radicado en México para esperar la llegada de Fidel. El 7 de julio el eterno líder  de la Revolución Cubana, Fidel Castro, le propone unirse como médico. Acepta y se convierte, tal vez sin concebirlo entonces, en una de las figuras más relevantes de la lucha contra el tirano Fulgencio Batista y uno de los dirigentes más amados por el pueblo después de la victoria de la Revolución, donde ocupó diferentes cargos hasta decidir su partida “hacia otras tierras del mundo” para continuar su vida revolucionaria y guerrillera.

Los sueños que lo unen a los cubanos y multiplican su eternidad en estos días de julio, el mes de lucha y patria de la historia cubana, se desatan el 25 de noviembre de 1956 en el Puerto de Tuxpan, cuando parte en el yate Granma hacia la Mayor de las Antillas entre los 82 hombres de Fidel.  El 2 de diciembre cerca de la playa Las Coloradas, en el Golfo de Guacanayabo, Ernesto Che Guevara de la Serna se abraza para siempre a la libertad de Cuba.

 Con algunos tropiezos, después de la emboscada que le hace el ejército en Alegría de Pío y donde muere la mayor parte del grupo, los expedicionarios suben a la Sierra Maestra el 21 de diciembre, mientras por la isla se multiplica el Movimiento 26 de Julio para apoyar a esta vanguardia, en la cual el argentino cubano ganó eternamente un lugar en la lucha, la historia y la cotidianidad de los cubanos.  

Estos días cercanos al 26 de Julio, su figura-faro en el Mausoleo de Santa Clara - donde descansan sus restos-, y cada batalla que libró en los finales previos a la victoria de enero de 1959 no caben en pocas cuartillas. Quizás sus propios versos sean la mejor manera de recibir su verdad y multiplicarla, tal como hizo Che en su andar por la América nuestra:

Canto a Fidel

Vámonos, ardiente profeta de la aurora

por recónditos senderos inalámbricos

a liberar el verde caimán que tanto amas.

Cuando suene el primer disparo y se despierte

en virginal asombro la manigua entera

Allí, a tu lado, seremos combatientes,

Nos tendrás.

Cuando tu voz derrame hacia los cuatro vientos

Reforma agraria, justicia, pan, libertad,

Allí, a tu lado, con idéntico acento, nos tendrás.

Y cuando llegue el final de la jornada

La sanitaria operación contra el tirano,

Allí, a tu lado, aguardando la postrer batalla,

Nos tendrás…

Y si en nuestro camino se interpone el hierro,

Pedimos un sudario de cubanas lágrimas

Para que se cubran los guerrilleros huesos

En el tránsito de la historia americana. Nada más. (1956).