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Es tan bello el verde del follaje...a vaces entre flores o espinas, pero bello

Por Graciela Guerrero Garay      Fotos: De la Autora

Siempre parece la primera vez. El Jardín Botánico de Las Tunas honra el espacio donde conserva más de 100 especies amenazadas de la flora mundial. Un oasis de energía positiva te transforma entre sus colores y olores diversos. No siempre puede describirse con facilidad el andar por sus oxigenados y verdes caminos.  Para estos tiempos de sol fuerte y calores constantes, bañarse con el ambiente del “Maximiliano Curbelo” es una bendición.

Adoro ver a padres y abuelos llevar a los pequeños a disfrutar de la magia de formas de la amplia colección de cactus que resguarda.  Para ellos, escuchar que protege a cientos de especies de la flora autóctona y foránea no es muy comprensible, pero captan de algún modo que algo importante se les dice. La inquieta Vanessa en medio del paseo señala después con la manita alguna planta que le llama la atención.

Es una retroalimentación necesaria, incluso saludable para que la gente sepa cómo cuesta y cómo debe contribuir a cuidar el lugar donde vive. Gracias  a este sostenido Jardín podemos conocer de 170 variedades de palmas  que hay en las sesenta hectáreas de la instalación, donde atesoran bosques, viveros, matorrales y naves  que prestigian las trece instituciones científicas de su tipo en Cuba y llevaron al colectivo – 69 trabajadores- a merecer el Premio provincial del Medio Ambiente el pasado año.

El banco genético de 35 especies endémicas locales; 124 taxones con géneros de la riqueza natural del planeta, las colecciones florísticas y ese aire que es inevitable absorberlo sin sentir el placer de los pulmones hace peculiar, incluso, una visita de tránsito. No ha sido infértil el trabajo por mantener las plantaciones boscosas e incrementar ese tipo de área en la provincia.

Hay cascabelillos de fuego sobre el pavimento y el sol se desparrama con saña no más amanece por estas tierras, enclavadas en la zona más caliente del archipiélago, el oriente de Cuba. Sin embargo, en el Jardín Botánico “Maximiliano Curbelo”, por la zona oeste de esta urbe capitalina, se respira algo diferente, puro. Es el oasis verde que hace sombra a los pasos y aquello que aprendí de mi profesora de biología, la inolvidable Margarita, que había que sembrar un árbol, porque era el pulmón de la tierra que nos llamaba a querer mucho nuestro José Martí.

Buen regalo tunero al Día Mundial del Medio Ambiente, pensé, y me di el gusto de respirar bien grande una excelente bocanada de aire fresco.  Minutos después sería la prisionera del calor y las brujitas ardientes de la carretera.