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Por Graciela Guerrero Garay        Fotos: De la Autora

Enmudecen al auditorio. Quizás la culpa  es del cubanísimo clamor que les impregnan a las actuaciones. O al talento natural, sin ninguna academia, que los envuelve desde las generaciones más tiernas hasta quienes transitan por la tercera edad.

Arrancan aplausos y cuantos vocablos buenos pueden agradecer los comunitarios, porque el proyecto Raíces de San José cambió la vida y la imagen de una comunidad nacida sin orden alguno, bajo  el calificativo de barrio marginal y el clásico estereotipo popular de “quita y pon”, en la lejana década de finales de los años 70 del pasado siglo.

Rogelio Guerra lo recuerda en medio de la calurosa mañana de este martes último, cuando el barrio se reunió para mostrar a la comitiva de  Centro de Intercambio y Referencia sobre Iniciativas Comunitarias (CIERIC),  la historia del proyecto, que comenzó cuando él era coordinador de los CDR y Carmen  Ramírez la promotora cultural. Desde entonces, la vida de la gente la alumbraron soles y lunas diferentes.

Música cubana y tradiciones campesinas se abrazan en medio de la danza, la cual protagonizan niños de la escuela primaria de la zona y jóvenes que viven allí y están en otras enseñanzas. La universidad destaca cómo este proyecto comunitario sirvió de pedestal para acreditar la carrera  de Gestión Sociocultural para el desarrollo, además de ser un escenario elemental en las prácticas docentes y la investigación científica  de los diplomantes de otras disciplinas.

Paso a paso entre las emociones que encierra un sostenido trabajo a punto de cumplir una década, Carmen y cada miembro del “Guateque de Antonio”, el “Grupo Nueva Luz”, el dúo “Los Carpinteros”, la danza juvenil y “Son del Alba” entregan y comparten el talento que los distingue, entre otros muchos que igual son partícipes y hacen hermoso este intercambio de sueños y realidades.  La actuación de un conjunto sonero del Hogar de Ancianos lo demuestra.

Quizás por ello fue inevitable la satisfacción y el agradecimiento de los especialistas del CIERIC de compartir no solo con los protagonistas principales, sino con esa gente sencilla que cuenta hoy una historia diferente y son mejores personas y dueños de un patrimonio propio. Generaciones de tuneros que convergen, cantan  y bailan los colores de la cubanía y, con todos, resiembran de amores infinitos las raíces de San José.

El último y caluroso martes de mayo, en el círculo social de esta comunidad, ubicada en el este de la ciudad, la cultura cubana y los valores de los buenos proyectos se abrazaron sobre ese camino largo que es el espíritu del pueblo, en un encuentro con y para sí mismo. Cuando suceda el XVIII Taller Regional de Intercambio de Experiencias, en Bayamo, del 8 al 10, el halo de la gente de Las Tunas y los sueños de Carmen andarán merodeando. Es muy difícil pensar en otra cosa.