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Por Graciela Guerrero Garay          Foto: Rey López

La escuela tiene las puertas cerradas. La oficina de pago de la empresa Eléctrica no anda con el entra y sale de los lunes, Por las calles la gente va de prisa, cuando apenas el sol empieza a estirar sus rayos. No parece mi ciudad de lunes. Ciertamente no es. La gente coge un solo camino y se me antoja la escapada a la esperanza. Llevan sombreros, gorras, viseras, sombrillas, banderas. Nadie anda en bicicleta y las paradas de guaguas están vacías.

El camino de la Plaza de la Revolución Mayor General Vicente García está lleno, y parece ser el único camino, el elegido por la gente de la zona, los más cercanos a mi comunidad, los de mi barrio y de toda la enorme área residencial de Buena Vista, la segunda de mayor número de habitantes en esta capital Balcón de Oriente, Las Tunas. Algo está por suceder y es enorme. Se respira a los cuatro vientos.

Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, la fiesta de la clase obrera. La convocatoria que circuló la semana entera, desde los murales hasta los carros parlantes por las comunidades y el pueblo, de oeste a este y viceversa.  El sol se insinúa un poco, pero es temprano. La cita a es a las siete y la concentración, por sindicatos, debe quedar lista media hora después, por eso todos los caminos van a la Plaza y el “avispero” del convite marca la diferencia. Ya era de extrañar la escuela cerrada y mi ciudad con otros aires de lunes.

Las Tunas es hoy lo que es. Un canto vivo de Revolución. Todos los caminos van a la Plaza. Vaya manera de estar llenos. Yo también voy a apurar el paso.