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Por Graciela Guerrero Garay     Foto: AFP

Para muchas personas el tamaño o forma de su nariz es una razón de peso emocional que lo arrastra hacia una cirugía estética o lo hace sentirse infeliz toda la vida, sin embargo interesantes estudios sobre este órgano facial demuestran que esas características evolucionaron para adaptarse a los diferentes tipos de clima sobre la tierra. O sea, no es cuestión de si “es fea o bonita”, sino que nuestros ancestros se adaptaban a su ambiente.

La revista científica PLOS Genetics publicó las investigaciones de un equipo internacional que asegura que las personas cuyos antepasados vivían en un clima caliente y húmedo tenían tendencia a tener narices más grandes, que los descendientes de poblaciones de regiones frías y secas.

Las conclusiones de los científicos de que su forma y tamaño evolucionaron para adaptarse a los diversos climas refuerzan las de otros estudios precedentes. Arslan Zaidi, del departamento de antropología de la Universidad Estatal de Pensilvania, indicó que las narices más estrechas permiten incrementar la humedad del aire al calentarlo, lo que es apreciable en las zonas más frías y secas,  luego de afirmar que el aire frío y seco no es bueno para las vías respiratorias.

El científico – citado por El Espectador – agregó que no hay una forma de nariz universalmente mejor, la realidad es que nuestros ancestros se adaptaban a su ambiente, luego de que el equipo de estudio usó imágenes 3D para medir la forma de la nariz de 476 voluntarios, cuyos antecesores vivieron en el sur y este asiático, en África occidental y en el norte de Europa.

La evolución de este órgano es compleja – reconocieron los estudiosos – y otros factores pudieron también haber jugado un papel, como las preferencias culturales en la elección de la pareja sexual, mientras destacaron que analizar esta evolución y cómo las fosas nasales se adaptaron al clima, podría tener repercusiones médicas y antropológicas.

Por otro lado puntualizaron que las indagaciones sobre la adaptación humana al medioambiente son imprescindibles para comprender las enfermedades y aclarar el origen de ciertas patologías, como la anemia de células falciformes, la alergia a la lactosa o el cáncer de piel, frecuentes en ciertas poblaciones.

Para ellos, destaca el artículo, sería oportuno profundizar el estudio para conocer si el tamaño de la cavidad nasal y la forma de la nariz están vinculados al riesgo de contraer enfermedades respiratorias, si una persona vive en un clima diferente al de sus ancestros.   

En otras publicaciones científicas hay análisis que vinculan a este órgano con la producción de antibióticos, a partir de una bacteria que está presente en las fosas nasales de algunas personas y que pudiera ser un camino para destruir lo que llaman “super bacterias”, causantes de muerte en distintas patologías humanas.

                                                                             (Con información de Agencias)