20170118201325-central-majibacoa.jpg

 

Por Graciela Guerrero Garay      Foto: 26 Digital

Tal vez el anuncio de la reapertura y funcionamiento de la planta de refinación de cera es para muchos una esperada noticia, sobre todo para los trabajadores del azúcar en Las Tunas. Sin embargo, la puesta en marcha veintidós años después de esta importante fábrica de un renglón de los derivados de la caña es para los majibacoenses un sueño que vitaliza sus días y noches, aunque no trabajen en la instalación de marras.

Humberto Guerrero Reyes vive en el poblado de Viviendas, del municipio Majibacoa, donde está ubicada la planta de refinación de cera y, a pesar de que no la tiene delante de sus ojos, sabe lo que significa para la economía local y territorial que haya echado a andar. Su alegría es natural y cobija las aspiraciones de los azucareros tuneros, porque el central y todo cuanto se asocie a él es la vida misma de este pueblo, de los habitantes de Calixto y sus alrededores.

Saber, entonces, que es la única del país lo llenó de esperanza y escuchar el pitazo del central “es como ese cantío del gallo que llevamos en el alma todos los cubanos”. Ya el movimiento de la comunidad no es el mismo y unos cuantos vecinos, familia y amigos renovaron su empleo. La vida volvió para Humberto y la gente de la municipalidad más cercana a la capital tunera.

A la emoción se suman los valores de esta instalación,  cuya inversión ronda los 3,5 millones de pesos, arrancó con un 50 por ciento de su capacidad productiva y su meta de refinación para este año es de 25 toneladas, destinadas prioritariamente al Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC) por su utilización en la industria farmacéutica y la biotecnología.

Diversificar el mercado y construir una planta de cera sólida, a partir de la cachaza obtenida de la elaboración del azúcar, son las perspectivas de avance, futuro que Humberto y la gente de Majibacoa siente como soles que garantizarán la animación del terruño y la calidad de vida de sus habitantes. Creo sucede que la reapertura de plantas de este tipo u otras obras en determinados lugares es, para los lugareños, más que una noticia. Es su historia… la historia de la gente de la cera.