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Por Graciela Guerrero Garay          Fotos: De la Autora

Hay piedras y flores por doquier. Espinas y rosas. Alegrías y tristezas. Cielos azules. Nubarrones. Carcajadas. Gritos. Prisa. Calma. Días. Noches. Semanas. Meses… Un ciclo hermoso aún con todo. El juego travieso de la luna y el sol, y viceversa.

La tierra está a punto de cerrar su ciclo de 366 días, un calendario bisiesto. El globo terráqueo sacudió a su modo nuestras vísceras, tendones, músculos, venas, corazón y alma. NO creo muy importante saber qué parte le tocó al cerebro. De cualquier modo, los simples mortales somos la ficha clave del romance del tiempo, los descalabros y las sorpresas. Las cercanías y las distancias.

Ahora se va ese anfibio de 12 meses, con muy pocos segundos para detener un desastre o dibujar el más dulce de los sentimientos. La vida es un paso a paso, pero si escribo, estoy, y si me lees, existes. Estamos. Vale no perder el tiempo en las neblinas ni buscarle un epíteto más a la vida que se fue, se escapa ahora y no será después. Llanto y risa, triunfos y fracasos;  nacer, morir… el inevitable gorjeo de ese reto que nos mueve como un sueño y sueño es.

31 de diciembre… el día - broche de todos los días-.  Fecha única que, aún sin saber por dónde le entró el agua, capitulamos metas y fracasos, nostalgias y felicidad, aciertos y desaciertos, fe y desesperanza. Nudos fieros que nos muerden o acarician. Huellas. Un minuto de campanadas que puede ser eterno en un abrazo, un apretón de manos, un trago de champan, el mordisco de una uva, una imagen repentina en el borde de una lágrima, el hallazgo del reencuentro, la virtud del perdón o la débil llama de una vela.

Una gota de todo, en todo. Espejo de la impaciencia y la paciencia de volver a la promesa de mañana, de retener el hipo del olvido y regar las burbujas del recuerdo. ¡Fin de Año!, un reducto infinito para que aprendamos que la vida es un himno de esperanza y hay que asumirlo con las mejores cuerdas, aunque anden torcidas, desgarradas, aruñadas o fértiles como la semilla. Es el momento de empinar talones y clavetear, clavetear, clavetear.

Empujar duro, al fondo, lo que no fue mejor y pudo ser. Rectificar. Avanzar. Perdonar. Enmendar. Mirar alto, sin mañas ni farándulas. Razonar. Potenciar la humildad de la gloria. Repartirla.  Tender manos, apuntalar puentes, inventarlos si el sol está un tanto más allá. Amor, amistad, lealtad, entrega, bondad. Verbos buenos. Hacer y ser, no importa dónde, pero sin olvidar que existen los demás y los demás. 

¡Fin de Año!. Bella luz para seguir el interminable camino de la verdad, con los ojos iluminados desde adentro, sin manchas ni coloretes de ocasión.  Pedestal para escalar bien arriba nuestros anhelos humanos, individuales, sumados somos todos, y todos somos pueblo y raíz, Patria, Humanidad.

Junto mis manos, abrazo el mundo. Riego paz, pienso positivo. Soy mejor, hay más frutos saludables. La Gramática funciona… tú, yo, aquel, aquella, nosotros. Somos uno. Gente. Tierra. Nuestra. Duendes sanos, podemos. Hoy, después, luchemos porque viva el arcoíris y el árbol. Podemos. Hermandad. Eso, vamos a la hermandad en cualquier parte. Brindemos. Este minuto será eterno, solo juntemos corazón y manos. Ahora es vital que todas las esquinas estén limpias y subamos el 2017 con amor. Es paz. No a la guerra, al egoísmo, a la mutilación de las ideas, a la esperanza… a la vida, al mañana.

Ronda de fe, hermanos, por un mundo mejor. Es posible. ¡Felicidades! La gloria, otra vez, cabe en un grano de maíz.