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Por Graciela Guerrero Garay      Fotos: De la Autora

Pasar frente a la puerta del vacunatorio del policlínico Gustavo Aldereguía es sentir, irremediablemente, el llanto de un niño o una niña. O ver a una madre o un padre, a veces hasta con los abuelos, hacer cuantos pininos sean posibles para consolarlos. A la mayoría impacta, incluso bajo la puerilidad de los primeros meses, el uniforme blanco de la enfermera y la jeringuilla y la aguja.

Es un momento duro para todos. Sin embargo, gracias al sistema de vacunación existente en Cuba,  aplicado incluso pocas horas después del nacimiento, muchos sufrimientos posteriores se evitan y el dolor del pinchazo se convierte en vida. Otras nos son tan temerosas, como las gotas vacunales antipolio, que durante el 2015 inmunizó contra esa mortal enfermedad a casi medio millón en la isla y, de ellos, más de 24 mil eran tuneros.

Mientras en el planeta más de mil millones de personas, una séptima parte de la población, muere por enfermedades trasmisibles, el archipiélago tiene eliminadas y controladas 26 enfermedades infecciosas y 15 están erradicadas totalmente como el tétanos neonatal, la difteria, tosferina, poliomielitis, sarampión, rubéola y el mal de Chagas, entre otras.

Un Taller de capacitación sobre la Gestión Efectiva de Vacunas, promovido por las autoridades de Salud y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), celebrado este mes en La Habana, potenció entre los representantes de las 15 provincias cubanas y el municipio especial Isla de la Juventud las actualizaciones del desempeño de buenas prácticas de almacenamiento, distribución y manejo de las vacunas a lo largo de la cadena de frío hasta ser administradas  a los diferentes grupos de individuos.

El intercambio – publicado en Granma – destaca que Cuba es puntera en la erradicación de enfermedades a través de su sistema de salud, el cual desde  el pasado siglo trabaja integradamente para crear conciencia en la población sobre la importancia de cumplir los ciclos de vacunación, aunque el llanto de los vástagos se quede como una lágrima prendida en el corazón de los padres, quienes a su vez llegado el momento van voluntariamente a inmunizarse.

Una herramienta más para identificar fortalezas y desafíos en la gestión, monitoreo y supervisión de la cadena de frío y cadena de suministro de vacunas e insumo de manera continuada, calificaron al Taller, donde se destacó que desde 1962 la Isla priorizó la calidad del inmunobiológico que se administra a nuestros niños, niñas y al resto de los cubanos.

 

Por eso al pasar por los vacunatorios tuneros, incluidos los Consultorios del Médico de la Familia, uno siente, entre alegrías y consuelos, que vale ese pinchazo salvador de vidas y lo agradece, pues como el arcoíris, es un suceso natural y bello, muy difícil de ignorar por quienes andamos este mundo terrenal y convulso.