20161022201705-61258-fotografia-m.jpg

 

Por Graciela Guerrero Garay      Foto: Juventud Rebelde

Una de las noticias que mueven la escucha en el contexto nacional es la Reunión Regional, en La Habana, para buscar consenso y definir estrategias de vigilancia y control en la lucha contra las Arbovirosis, donde se encuentran el dengue, el zika, el chikungunya y la fiebre amarilla, “enfermedades que condicionan una situación epidemiológica compleja en las Américas y tensionan los sistemas de salud de los distintos países”.

Con estas reflexiones, la doctora Carissa Etienne, directora general de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), llamaba la atención de los asistentes de más de 30 naciones del área y participantes de organismos e instituciones involucrados en encontrar solución a la problemática, que pone en cuestionamiento la salud pública, es un riego de muerte para todos y ocasiona “padecimientos de origen neurológico en niños y adultos”, destacó Etienne.

Sobre la lectura de la información en Juventud Rebelde, no pude ignorar cuánto de cierto hay en que esto no es exclusivo del Estado y los Ministerios de Salud, aún cuando lleven el liderazgo en la batalla contra el vector transmisor, el mosquito. Recordé, entonces, una irresponsable historia – de las que hay varias lamentablemente – de una familia que decidió en pleno (5 miembros) desobedecer las orientaciones sanitarias y pasar el dengue oculta, sin notificarlo al área de salud.

Semanas después, en la misma cuadra, aparecieron otros casos y al  realizarse las acciones y medidas establecidas desde el Consultorio del Médico y Enfermera de la Familia, junto con los integrantes de la Campaña Anti vectores y el policlínico, se supo que el foco de contagio pudo tener su origen primario en ese hogar, inspeccionado por supuesto por la comitiva del MINSAP.

Esta reunión lleva empeño en crear conciencia en los decisores de garantizar la vigilancia, la respuesta y el control de este virus y otros transmitidos por artrópodos, a la vez que busca “proveer a los países de las Américas de insumos fundamentales para reducir la carga de estas enfermedades emergentes y reemergentes”, como  resaltó la directora general de la OPS.

De esta destacada y vital información – y las vivencias que encuentro por ahí – me asalta una pregunta: ¿Esto será una Reunión Regional o una lección para quienes subestiman las orientaciones sanitarias? ¿Ganaremos la batalla si solamente dejamos a los gobiernos y a la Salud Pública esta pesada carga de los Arbovirosis?

No creo. Las cifras difundidas en la Reunión Regional dan escalofríos y no es secreto que todavía esas virosis nos rondan y los mosquitos también. Desde el 2000 hasta el 2014 se registraron 14, 2 millones de casos de dengue, a pesar de los esfuerzos sostenidos para el control del dengue en la región. De ellos, fallecieron 7 000, siendo Brasil, Colombia y México donde se detecta el 70 por ciento de los casos.

En Las Tunas, como en toda Cuba, se han gastado cuantiosos recursos para la erradicación de estas enfermedades. Las últimas campañas asumidas por efectivos de las FAR dieron al traste con las curvas ascendentes de enfermos y sospechosos. Sin embargo, se tuvo que recurrir a la imposición de multas para que algunas personas jurídicas y privadas cumplieran lo establecido.

Todavía la percepción de riesgo anda con alas de cucaracha. Creo que esta voluntad política y sensitiva de la OPS en La Habana, con las máximas autoridades nacionales y 30 países del área no es una simple reunión. Es, desde mi escaño, una lección de advertencia a nosotros, las víctimas potenciales de los vectores y los responsables directos de cuidar nuestra salud, la de la familia y las comunidades donde vivimos. La historia que conté no es un imaginario.